Bienvenidos, bolivianos – Un ejemplo por imitar

Lunes 13 de mayo de 2013 | Publicado en edición impresa

 Un ejemplo por imitar

 http://www.lanacion.com.ar/1581355-un-ejemplo-por-imitar

Por Alieto Guadagni  | Para LA NACION

Bienvenidos, bolivianos. Para los argentinos no es ninguna novedad la llegada de extranjeros inmigrantes a nuestro país. Por algo dijo Octavio Paz: “Los mexicanos descienden de los aztecas; los peruanos, de los incas, y los argentinos, de los barcos”. Tenía razón, ya que desde 1870 hasta el inicio de la Primer Guerra Mundial nuestro país recibió un enorme flujo de inmigrantes. La inmigración hacia Estados Unidos en esos mismos años fue más numerosa, pero en proporción a la población nativa fue más importante el aporte inmigratorio en la Argentina. Según el Censo de 1914, en la ciudad de Buenos Aires había más extranjeros que argentinos, y en todo el país, casi uno de cada tres habitantes era extranjero.
Estos inmigrantes vinieron a “hacer la América” y con su trabajo cooperaron en el progreso de nuestro país. El lenguaje popular no fue muy preciso con ellos, ya que todos los españoles fueron bautizados “gallegos”; los italianos, “tanos”; los sirios y libaneses, “turcos”, y los judíos, “rusos”.

Hubo un rebrote inmigratorio después de la Segunda Guerra Mundial, que se agotó a inicios de los años 50. La novedad es que en los últimos años han vuelto los inmigrantes, pero son otros. No vienen de Europa, Medio Oriente o Japón, como hace más de un siglo, sino que provienen de los países vecinos. Según el Censo de 2010, en el país había 1,8 millones de extranjeros, de los cuales el 75% habían venido de estos países. Encabeza la lista Paraguay, con 550.000; le sigue Bolivia, con 345.000, y luego vienen Chile, Perú y Uruguay. Como se observa, la presencia de extranjeros no llega hoy al 5%, bien lejos de 1914. Lamentablemente, persisten estereotipos o prejuicios que pretenden explicar e incluso justificar expresiones racistas y descalificadores de la gente que ha decidido venir a trabajar a nuestro país, decisión que seguramente también habían hecho hace un siglo los abuelos de muchos de los que ahora están leyendo esta nota.

Las opiniones negativas son hoy populares en los países que reciben inmigrantes, por eso es importante conocer si en ellos prevalecen actitudes positivas respecto al trabajo en los adultos y frente a la escuela en el caso de los niños y adolescentes. En este sentido, es muy valiosa la información presentada en el informe de la Unicef, elaborado por Marcela Cerrutti y Georgina Binstock, que analiza el comportamiento comparativo de los adolescentes inmigrantes y los argentinos en la escuela secundaria en la ciudad de Buenos Aires y el conurbano.

respecto al rendimiento educativo, se presenta la siguiente información, que compara el desempeño en la escuela secundaria de los argentinos (A) y los bolivianos (B). Repitieron un año secundario: A, 34%, y B, 22%. Llevaron tres o más materias a examen: A, 26, y B, 16. Faltaron más de 20 días en el año: A, 35, y B, 20. Dedican más de tres horas al estudio: A, 9, y B, 26. Este distinto rendimiento escolar de nuestros adolescentes y los bolivianos es notable, si además se tiene en cuenta que también son más los bolivianos que “no sólo estudian, sino que además trabajan”: A, 20%, y B, 38%.

El informe también examina las expectativas de futuro que tienen nuestros adolescentes comparadas con las de los bolivianos, expresadas en la “intención de ingresar en la universidad”: A, 40%, y B, 69%. Además, los estudiantes bolivianos dedican más tiempo a estudiar, trabajar y realizar tareas en el hogar, mientras por el contrario, los argentinos dedican más tiempo al ocio, las fiestas y el “chateo” en la computadora. “Chatean con la computadora más de tres horas diarias”: A, 37%, y B, 13%. “Casi nunca leen libros”: A, 69%, y B, 51%. También es diferente la actitud frente al deporte y la religión. “Casi nunca hacen deporte”: A, 33%, y B, 15%. En cuanto a la “asistencia a iglesias o templos”, las cifras son A, 24%, y B, 36%. Otra cuestión importante es el cuidado de la salud, lamentablemente puesta en riesgo por el abuso de alcohol, tabaco y el consumo de drogas. Los resultados de la encuesta son éstos: “Fuman”: A, 20%, y B, 9%. “Consumieron drogas en el último mes”: A, 11%, y B, 2%. “Abusaron del alcohol en el último mes”: A, 24%, y B, 19%. También el informe examina el comportamiento de los adolescentes en el aula. “Porcentaje de alumnos cuyos padres tuvieron que ser citados por la mala conducta de sus hijos”: A, 21%, y B, 10%. La notoria preocupación de sus padres por un mejor futuro para estos adolescentes bolivianos juega un papel central en el propio comportamiento de estos padres y su relación con la escuela, ya que se preocupan porque sus hijos no falten y estudien. En este sentido, el informe consigna muchas opiniones positivas de directores de escuela. Un director de La Matanza dice: “A los padres bolivianos les interesa mucho el tema del estudio, así que los mandan todos los días a la escuela, y cuando hay problemas laborales, te lo explican. La prioridad de la familia boliviana es que el hijo estudie, y te lo mandan”. Otro directivo, también de una escuela de La Matanza, dice: “Los padres vienen a preguntar cómo está su hijo, si le está yendo bien. En la escuela ningún padre se acerca, pero ellos vienen y te preguntan si falta algo o cómo está en las materias”. En una escuela de la ciudad de Buenos Aires, el director expresa: “Los padres de los chicos que son bolivianos tienen una característica muy especial, vienen continuamente al colegio, están atentos, son muy respetuosos, quieren colaborar con la escolaridad de su hijo, se preocupan muchísimo. Y tienen una tradición: cuando egresan, las chiquitas les regalan un anillo”.

Estas evidencias permiten vaticinar que estos adolescentes bolivianos mejorarán en los próximos años significativamente su nivel de vida gracias al esfuerzo que hoy están haciendo en la escuela secundaria, apoyados por sus padres. Seguramente muchos de ellos poblarán en los próximos años nuestras universidades, repitiendo así el virtuoso proceso de ascenso social registrado hace un siglo, tan bien presentado por Florencio Sánchez en su obra teatral M’hijo el dotor.

La futura prosperidad de estos inmigrantes contribuirá a nuestro propio progreso como nación. Por esta razón esta nota comienza con la expresión “bienvenidos, bolivianos”.

© LA NACION.

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