¡Viva el “abusómetro” educativo!

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Martes 21 de octubre de 2014 | Publicado en edición impresa

Por Andrés Oppenheimer | LA NACION

MIAMI.- Una organización mexicana que pugna por mejorar los estándares educativos acaba de hacer algo que debería imitarse en toda América latina: instaló un “abusómetro” en una de las avenidas más transitadas de Ciudad de México para informar a los transeúntes cuánto dinero del presupuesto educativo del país desaparece a cada minuto.

Es una gran idea, porque México y varios países latinoamericanos tienen algunos de los mayores presupuestos del mundo para educación y sin embargo ocupan los últimos puestos en los rankings internacionales de desempeño académico de sus estudiantes.

Según el Banco Mundial, México, Brasil y la Argentina gastan entre el 5,2 y el 6,3% de sus respectivos PBI en educación, mucho más que China o Singapur. Pero en los últimos años, mientras el desempeño de los estudiantes latinoamericanos ha caído en las pruebas internacionales, el de China y Singapur ha mejorado. México, Brasil y la Argentina se sitúan casi al final de la lista de los 65 países que participan en las pruebas PISA destinadas a evaluar la capacidad académica de los estudiantes de 15 años, mientras China y Singapur se sitúan entre los primeros tres países de la lista.

Mexicanos Primero, la organización que instaló en el Periférico Sur, en Ciudad de México, el marcador electrónico que ha dado en llamar “abusómetro”, quiere aumentar la presión pública para que el gobierno responda esa pregunta. Un estudio sobre las cifras del censo de México, realizado por la organización, revela que casi 3000 millones de dólares del presupuesto educativo del país no están justificados anualmente. El “abusómetro” muestra a los automovilistas cuánto de ese dinero gasta el gobierno cada día, cada hora y cada minuto.

Claudio X. González, presidente de Mexicanos Primero, me dijo que los gastos irregulares o ilegales del presupuesto educativo son usados para pagar los salarios de 298.000 personas, o el 13% de los docentes de la escuela elemental y secundaria del país. En muchos casos, quienes reciben estos salarios son beneficiarios de subsidios políticos o trabajan para los sindicatos de maestros, pero no están frente a un aula.

“El gobierno federal y nosotros estamos financiando al enemigo, porque estamos pagando a los operadores políticos de las cúpulas sindicales, que son los que bloquean las calles para protestar contra la reforma educativa”, me dijo González. “Necesitamos que ese dinero destinado a pagos irregulares sea usado para mejorar la infraestructura educativa, para capacitar a maestros y directores y para becar a jóvenes”, agregó.

Según González, la reacción del gobierno ante el “abusómetro” fue guardar silencio, “lo que en mi opinión es desafortunado, pero en parte también nos deja claro que no están rebatiendo nuestras cifras. Las están dando por buenas”.

De las 298.000 personas que cobran salarios de maestros sin enseñar en ninguna escuela, 114.998 cobran cheques de maestros que han muerto o se han jubilado y 113.259 reciben sus cheques por enseñar supuestamente en escuelas en las que nadie los conoce. Otros 70.000 son maestros “aviadores” o “comisionados”, como se denomina a las personas que están “a préstamo” trabajando en puestos administrativos para los sindicatos docentes, cuando según la ley deberían ser pagados por los sindicatos.

El “abusómetro” estará instalado en la calle durante un mes y luego seguirá funcionando en el sitio web http://www.finalabuso.org.

Aunque parezca irónico, México tiene suerte, porque al menos tiene un grupo cívico no gubernamental que está llevando la cuenta de los fondos educativos que son desviados o robados. En muchos otros países latinoamericanos, nadie lleva la cuenta.

En la Argentina, la Presidenta se jacta de que su gobierno aumentó el gasto de educación a niveles récord, pero los niveles educativos se han desmoronado. Pese al aumento del presupuesto, que pasó de 4,6 a 6% del PBI durante la última década, el porcentaje de estudiantes que sacaron un puntaje “insuficiente” en las pruebas PISA de comprensión de lectura aumentó de 44 a 52% durante el mismo período, según un estudio del instituto de investigación Idesa.

Comparativamente, Canadá redujo su gasto de educación durante la última década, de 5,6 a 5%, y sin embargo logró mantener intactos sus mejores resultados en los tests PISA, dice el estudio.

Mi opinión: sería maravilloso que en todos los países de la región hubiera grupos cívicos que montaran “abusómetros” en el centro de sus capitales. Servirían como constantes recordatorios de cuánto dinero de los contribuyentes es desviado o robado de los presupuestos, mientras siguen cayendo los estándares educativos. ¡Bien hecho, Mexicanos Primero!.

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El 45 % de los habitantes de las villas porteñas nacieron en la Capital

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Lunes 20 de octubre de 2014 | Publicado en edición impresa

El 45 % de los habitantes de las villas porteñas nacieron en la Capital

Según un estudio oficial, la edad promedio de la población es de apenas 24 años, mientras que en toda la ciudad es de 40 años; además, el 37% de los hogares sufren hacinamiento y sólo cuatro de cada diez mujeres trabajan

Por Ángeles Castro  | LA NACION

El 45 % de los habitantes de las villas porteñas nació en la Capital; casi el 80% de ese grupo tiene menos de 20 años, por lo que probablemente varias generaciones hayan nacido y crecido en los asentamientos. Otro 33,7% es oriundo de países limítrofes y un 4,6%, de Perú. Suman 16,7% los que provienen de otros distritos de la Argentina.
Los datos surgen de un informe técnico realizado por lademógrafa VictoriaMazzeo para la Dirección General de Estadística y Censos de la ciudad, y muestra cómo otros indicadores sociales también se resienten en villas y asentamientos respecto del resto de la Capital.La población en villas es joven: la edad promedio se sitúa en 24 años; para toda la ciudad, la media alcanza los 40 años. En tanto, las mujeres que viven en asentamientos tienen un promedio de 4,3 hijos, mientras que nacen dos hijos por mujer en promedio en toda la Capital.

Por otra parte, el tamaño de las familias resulta mucho mayor que la media: 6 miembros, contra 2,5. El rasgo lleva como correlato altos porcentajes de hacinamiento (más de dos personas cohabitan por cuarto), que se registra en el 37% de los hogares.

“La mitad es una población autóctona que ya lleva tres generaciones, y que perfila hasta un «modo villero» de vivir la ciudad. En el grupo, arraigan moralidades sustentadas en identidades colectivas por medio de religiosidades, estéticas musicales, fidelidades deportivas dotadas de códigos, lenguajes, normas y valores propios”, reflexionó el historiador Jorge Ossona, investigador de la Universidad de Buenos.

Coincidió con él Mazzeo, que es profesora de la cátedra de Demografía Social de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA: “Hay varias generaciones que probablemente hayan nacido y crecido en las villas: el 36% de los habitantes es menor de 20 años y porteño”.

Según Ossona, “un elemento distintivo de la pobreza es la juvenilidad procedente de sus hogares numerosos en hijos. Las razones no necesariamente residan en la ignorancia de métodos anticonceptivos. Si una familia es fuerte, debe ser numerosa para honrar su prestigio. Constituye una suerte de “riqueza” no material, sino más bien humana y afectiva.

“Además -explicó- las mujeres primerizas suelen aceptar los embarazos de buena gana porque son una fuente de respetabilidad en ámbitos muy patriarcales y, por lo tanto, proclives a despreciar a la mujer como sujeto débil al que, no obstante, los jefes deben proteger porque allí estriba su honor.”

El informe de Mazzeo destaca la deserción temprana de los adolescentes del sistema educativo. Mientras la asistencia escolar de los chicos de entre 5 y 14 años varía entre el 94 y el 97%, en el segmento de entre 15 y 17 años ya cae al 79 por ciento. “Esto redundará en la mayor vulnerabilidad de estos jóvenes en su posicionamiento en el mercado de trabajo”, señaló la especialista.

En efecto, la precariedad laboral es más acentuada entre los habitantes de asentamientos, y el sexo femenino es particularmente afectado por este fenómeno. Sólo el 37,1% de las mujeres está ocupado; el 55,8% permanece inactivo (no tiene empleo ni lo busca) y el 7,1%, desocupado (busca trabajo, pero no consigue).

Entre los hombres, el 48,8% trabaja, mientras que otro 5,9% busca empleo pero no lo encuentra; 45,3% está inactivo.

El informe, preparado para la Dirección General de Estadística y Censos porteña, señala que 92% de los varones que trabajan lo hacen como mano de obra operativa y no calificada, con gran presencia en los rubros de la industria y la construcción.

Entre las mujeres, la proporción se eleva al 94 por ciento. De las trabajadoras, el 28% integra el servicio doméstico y un 15% realiza tareas de limpieza no doméstica.

El tipo de inserción laboral, sumado al tamaño de los hogares, se refleja en el ingreso per cápita familiar, uno de los indicadores de bienestar. El 78% de las familias en villas integran el quintil más pobre; disponían de menos de 235 dólares mensuales por miembro al cambio oficial en el momento del relevamiento.

“La exclusión vincula la situación laboral y de ingreso con determinadas condiciones de vida y del hábitat”, sintetizó María Carla Rodríguez, investigadora en Estudios Urbanos del Instituto Gino Germani de la UBA.

Otro dato que llama la atención es el peso relativo de la población en villas sobre el total de la Capital, que pasó del 3,9% en 2001 al 6,4% en la actualidad.

“Entre 2001 y 2010 se dieron algunas mejoras en el mercado laboral, en los salarios reales y en la ayuda social, por lo que el aumento del porcentaje de hogares en villas no respondería a una situación de empobrecimiento social generalizado”, consideró Leonardo Gasparini, director del Centro de Estudios Distributivos Laborales y Sociales de la Universidad de La Plata. Y agregó: “Dos posibles razones podrían ser: la dificultad para traducir las mejoras de empleo e ingresos en progreso habitacional, y las dificultades en el manejo del espacio urbano, en el que coexisten un espacio de viviendas formales regulado que casi no crece y un espacio informal no regulado que crece a tasas altas”.

UN FUERTE SENTIDO DE PERTENENCIA

  • Un estudio realizado por las ONG Techo y Unicef entre chicos de 12 a 16 años de asentamientos de la Capital y el conurbano demostró que el 90% de ellos considera que la situación de su familia es buena o muy buena. Cerca del 78% dijo que le gusta “mucho” o “bastante” vivir donde vive, aunque el 82,7% desea mudarse a otro barrio en el futuro.
  • “Es el sentido de pertenencia. Uno de cada dos chicos nació en la villa donde reside; el amor por el barrio se profundiza habitualmente en los sectores populares”, opinó Ignacio Gregorini, director del Centro de Investigación Social de Techo.

Con la colaboración de Agustina Mac Mullen.