Cae la tasa de fecundidad de la Argentina: ya es similar a la de Europa

Jueves 29 de Octubre | 04:59

Un estudio revela que los nacimientos en el país están casi por debajo de lo necesario para que la población se mantenga estable.

Cae la tasa de fecundidad de la Argentina: ya es similar a la de Europa

Cae la tasa de fecundidad de la Argentina: ya es similar a la de Europa

En materia poblacional, la Argentina profundizó en estos años su tendencia a “europeizarse”: cada vez menos hijos y a edades más tardías. Esto generó que, junto a Chile, Uruguay, Brasil y Cuba, sea de los países de América Latina con menores tasas de fecundidad, y ya está casi debajo de la tasa de remplazo (2,1 hijos por mujer) necesaria “para que la pirámide de población se mantenga estable”. Así lo define el informe sobre natalidad elaborado por el Instituto de Ciencias Sociales de la Fundación UADE (Universidad Argentina de la Empresa), consignó Tiempo Argentino.

Bajo la pregunta “¿Hay menos niños en la Argentina?”, los investigadores de la UADE analizaron el número de hijos por mujer a nivel mundial en los últimos 60 años. Según publicaron, se redujo a escala planetaria de 5,02 a 2,55 en promedio “lo que da cuenta de una importante tendencia a la baja de la fecundidad femenina, que se ha venido agudizado en los últimos años, y se manifiesta en envejecimiento poblacional”. Si bien hay diferencias entre regiones, la Argentina no es ajena a esa dinámica.

Para que la pirámide de población se mantenga estable, el número de hijos por mujer debiera ser 2,1, la tasa de fecundidad que asegura el nivel de remplazo. El informe sostiene que las regiones más desarrolladas del mundo se encuentran por debajo del nivel de reemplazo (1,6). En tanto que las regiones en desarrollo, “si bien redujeron fuertemente su tasa de fecundidad de 6,15 a 2,75 entre 1950 y 2010, acorde a las tendencias mundiales”, aún se encuentran por encima del nivel de remplazo.

América del Norte (2,0) y Europa (1,45) se encuentran debajo del nivel de remplazo desde los ‘70. En el otro extremo, África (4,67) tiene la mayor tasa de fecundidad. En ese contexto, América Latina llega a 2,37 hijos por madre.

La Argentina tenía 2,18 en 2013, tal como afirma la UADE: “con tasas de fecundidad en baja, se acerca cada vez a tener una población envejecida, siendo que para 2015 ya está por debajo con 2,11 hijos por mujer en promedio, según datos del INDEC (en 2011 era de 2,45)”. Estos valores son casi similares a Francia. Se ubica por debajo de los 3,03 de Israel, los 5,86 de Angola; y por arriba del 1,92 de Gran Bretaña, el 1,79 de Bélgica; 1,61 de Canadá. En la región, Guatemala (3,78), Bolivia (3,22), Haití (3,15) y Honduras (3) encabezan la tasa de fecundidad. Brasil (1,8), Costa Rica (1,8) y Cuba (1,45) se ubican en el otro extremo.

“Según estimaciones de la CEPAL, para el 2050 la fecundidad en América Latina sería de 1,85, por debajo del nivel de remplazo”, agrega el texto, que atribuye la baja fecundidad femenina a una mayor difusión de métodos anticonceptivos y de planificación familiar, “el aumento de la educación y de la participación de la mujer el mercado de trabajo y la dificultad de conciliar familia y empleo”.

En nuestro país –indicaron- existen indicios de brechas entre la fecundidad deseada y efectiva, “donde las mujeres más educadas tienen menos hijos de los que preferirían, por restricciones del entorno (dificultad para conciliar familia y trabajo), en tanto las menos educadas tienen más hijos que los deseados por falta de planificación familiar adecuada”. Y pidieron que esta doble insatisfacción sea atentida para la elaboración de políticas públicas en torno a la planificación familiar “que países como Suecia, Alemania y España, ya están implementando”.

Analía Calero, investigadora del Instituto de Ciencias Sociales de Fundación UADE, aclaró que “muchas veces no es que la mujer no quiere tener hijos, a veces hay dificultades en el medio para conciliar la vida laboral y la familiar. De alguna manera resigna, no como una decisión alegre. Sobre todo es un problema en las clases medias. Tienen menos hijos de los que querrían tener, no es algo voluntario”.

En el país

Al momento de analizar por provincias los últimos 15 años, Misiones (2,91), Formosa (2,73), Salta (2,73) y Catamarca (2,71) presentan actualmente las mayores tasas de fecundidad. Las mismas cuatro encabezaban esa lista en 2001, pero con valores superiores a los 3,1. En el otro extremo, la Ciudad de Buenos Aires (1,57 según la UADE), junto con Córdoba (1,8), Santa Fe (1,9) y provincia de Buenos Aires (1,97), presentan tasas de fecundidad debajo del nivel de reemplazo (2,1). Esto conlleva a un crecimiento de la edad media de las mujeres madres. Según datos oficiales de la Ciudad, en menos de dos décadas aumentó más de un año en ese distrito, de 28,3 años en 1994 a casi 30 años en 2012. Lo que también genera menos posibilidades biológicas de tener hijos y más consultas por tratamientos de fertilización asistida (ver recuadro).

Mientras desciende la fecundidad femenina, se extiende la esperanza de vida. La ONU prevé que para 2050 la proporción de personas de 60 años alcanzará los 2000 millones, y los mayores de 80 años podrían sumar 400 millones.

Para Calero, hay una parte positiva en el mayor envejecimiento: “se alarga la expectativa de vida al mejorar las condiciones y el acceso a la salud. Se vive mejor. Al mismo tiempo, la baja en la tasa de fecundidad tiene impacto a largo plazo en lo que es seguridad social, quenecesita ser pensada en las políticas públicas futuras“. Y acota: “La OIT destacó mucho las políticas de protección a la maternidad en la Argentina. Quedan desafíos, como modificar las licencias de maternidad y paternidad, y también las guarderías en lugares de trabajo, para conciliar la vida laboral y la familiar”.

En la Ciudad, la menor

Según el informe de la UADE, la tasa de fecundidad en la Ciudad de Buenos Aires es la menor del país con 1,57 hijos por mujer (la Dirección de Estadísticas y Censos porteña habla en realidad de una tasa de 1,85), debajo del nivel de remplazo (2,1), explicado porque “en la Ciudad se concentran mujeres con mayor nivel educativo e insertas en el mercado laboral”. Dentro de la capital también se exhiben valores heterogéneos. Recoleta, al norte, muestra el menor número de hijos por mujer en promedio (uno), asociado también a la más tardía entrada a la maternidad (31,8 años). En el otro extremo, en la Comuna 8 (Villa Lugano, Villa Riachuelo y Villa Soldati, al sur) la entrada a la maternidad es a los 27,6 años, y el promedio de hijos de 2,9. Esto habla “de las dificultades que podrían existir en los sectores de bajos recursos para acceder a una planificación familiar adecuada”. Como dato alarmante, la fecundidad adolescente es alta: según la Dirección de Estadística y Censos de la Ciudad, casi 30 de cada mil chicas de hasta 19 años son madres. Mientras que en 1990 ese número era de 22,5.

En el mundo

Desde 1950, todas las regiones del mundo bajaron su tasa de fecundidad, pero en diferentes escalas. Europa pasó de 2,66 hijos promedio por madre, a 1,45; América Latina de 5,89 a 2,37; Oceanía fue de 3,87 a 2,30; América del Norte tenía 3,46 hace 60 años y hoy llega a los dos. Asia tenía 5,87 y actualmente bajó a 2,34; y África pasó de 6,75 en 1950 a 4,67 en 2010.

Algunos países con envejecimiento y baja fecundidad son Grecia (1,29), España (1,32), Alemania (1,38)., Italia y Japón (1,43).

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Europe needs many more babies to avert a population disaster

Across Europe birth rates are tumbling. The net effect is a ‘perfect demographic storm’ that will imperil economic growth across the continent

http://www.theguardian.com/world/2015/aug/23/baby-crisis-europe-brink-depopulation-disaster

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When Spanish business consultant Alejandro Macarrón started crunching the numbers behind Spain’s changing demographics, he couldn’t believe what he was seeing. “I was astonished,” said Macarrón. “We have provinces in Spain where for every baby born, more than two people die. And the ratio is moving closer to one to three.”

Spain has one of the lowest fertility rates in the EU, with an average of 1.27 children born for every woman of childbearing age, compared to the EU average of 1.55. Its crippling economic crisis has seen a net exodus of people from the country, as hundreds of thousands of Spaniards and migrants leave in the hope of finding jobs abroad. The result is that, since 2012, Spain’s population has been shrinking.

Record numbers of economic migrants and asylum-seekers are seeking to enter the European Union this summer and are risking their lives in the attempt. The paradox is that as police and security forces battle to keep them at bay, a demographic crisis is unfolding across the continent. Europe desperately needs more young people to run its health services, populate its rural areas and look after its elderly because, increasingly, its societies are no longer self-sustaining.

In Portugal, the population has been shrinking since 2010. For many analysts, the question now is how low can it go, with projections by the National Statistics Institute suggesting Portugal’s population could drop from 10.5 million to 6.3 million by 2060. According to prime minister Pedro Passos Coelho: “We’ve got really serious problems.”

In Italy the retired population is soaring, with the proportion of over-65s set to rise from 2.7% last year to 18.8% in 2050. Germany has the lowest birthrate in the world: 8.2 per 1,000 population between 2008 and 2013, according to a recent study by the Hamburg-based world economy institute, the HWWI.

The UK’s population reached 64.6 million by mid-2014, a growth of 491,000 over the previous year, according to the Office for National Statistics. On average, Britain’s population grew at a faster rate over the last decade than it has done over the last 50 years.

Macarrón is astonished at the reluctance of Spanish authorities to address what he calls a direct threat to economic growth as well as pensions, healthcare and social services. He and a few friends took it upon themselves to begin tackling the issue, starting the non-profit group Demographic Renaissance in 2013, with the aim of raising awareness of the crisis.

“Most people think we’re only talking about something that will be a problem in 50 years, but we’re already seeing part of the problem,” he said. “If current numbers hold, every new generation of Spaniards will be 40% smaller than the previous one.”

A political knock-on effect is the overwhelming political power of the grey vote. Macarrón points to the crippling austerity measure put in place during the economic crisis: “During the same time frame, expenditures on pensions rose by more than 40%. We’re moving closer to being a gerontocratic society – it’s a government of the old.”
The region of Galicia is one of the few in Spain that has addressed the issue. The population of this north-western region has been shrinking, leaving it home to the nearly half Spain’s abandoned villages. More than 1,500 settlements – once home to schools, businesses and filled with children – now sit abandoned, overgrown with weeds and bushes.

In 2012, the regional government launched a multi-pronged initiative to address the falling fertility rate, with plans to roll out measures such as home and transport subsidies for families and radio advertisements urging women to have more children. But it is still estimated that Galicia’s population could shrink by 1 million residents in the next 40 years, a loss of just under one third of the region’s population.

For southern Europe, migration within the EU has become a grave problem. Hundreds of thousands of Portuguese have left, hoping to find better opportunities abroad. Coelho has said the next 10 to 15 years would be decisive in reversing the trend. If no action is taken, he said last year, “these issues will only be solved by a miracle.”

The EU’s Eurostat agency estimates that by 2050, Portugal will be the country in Europe that is home to the smallest proportion of children, with just 11.5% of the population expected to be under the age of 15. Toy shops and hundreds of schools are closing while petrol stations and motels are being converted into nursing homes.

Coelho has called on the EU to make falling birthrates a priority in the next five years. “This question has a dimension that is not strictly national,” he said, pointing to labour legislation and “the manner in which urban life is organised.”

Last year he created a commission dedicated to coming up with proposals to reverse the country’s dwindling birthrate. Led by Professor Joaquim Azevedo from the Catholic University of Portugal, a recent report by the commission warned that failure to reverse the demographic crisis could leave Portugal “unsustainable in terms of economic growth, social security and the welfare state.”

“We are losing our population, as we know. These matters are crystal clear,” said Azevedo. “ It is a reality. Facts are facts and that is what is happening.”

Ad hoc political solutions at a national level are failing. Italy has tried to overcome its bleak demographic outlook with initiatives ranging from pension cuts to a baby bonus, but the statistics are not on their side.

The country’s falling birthrate has multiple causes, such a lack of financial security that prompts many Italians to live with their parents well into their 30s. The difficulty for mothers to return to the workplace also means women must make considerable sacrifices if they decide to have children.

With the fertility rate falling from 2.37 in 1970 to 1.39 in 2013, the government is encouraging Italians to have children. Prime minister Matteo Renzi announced plans last year to give low-income couples a monthly “baby bonus” of €80 (£57), but he is well aware finances are only a small part of the problem. Last year an estimated 91,000 Italians emigrated, a sharp increase from the 50,000 that did so in 2011. The youth jobless rate hit 44.2% in June, while overall it stood at 12.3%.

In Germany last week there was a rare piece of good news. Germany’s birthrate was found to be higher than it has been for 13 years, thanks to the 33,000, or 4.8%, more babies born last year than in 2013. Nevertheless, the scale of the demographic crisis Europe’s largest economy faces has finally hit home. For decades there have been far more deaths (last year 153,000 more) than births in Germany. Those women who do give birth are bearing relatively few (on average 1.4) children. Experts say to keep the population at its current rate, that would need to rise to just over two.

By 2060 the government expects the population to plunge from 81 million to 67 million, a decrease that is being accelerated by depressed areas in both eastern and western parts of the country that are haemorrhaging large numbers. The UN predicts that, by 2030, the percentage of Germans in the workplace will drop 7% to just 54%. No other industrial land is as starkly affected – and this is despite a strong influx of young migrant labourers.

In order to offset this shortage, Germany needs to welcome an average of 533,000 immigrants every year, which perhaps gives context to the estimate that 800,000 refugees are due to come to Germany this year.

Only Scandinavia appears to be weathering the demographic storm with any success, partly thanks to generous parental leave systems, stable economies, and, in the cases of Sweden and Norway, high net immigration.

“We do face an ageing population but the problem is not so alarming due to relatively high fertility rates,” says Nizar Chakkour of Statistics Sweden.

Chakkour He puts the high fertility rates down to social support for parents. “One common explanation [for the fertility rate] is that in Sweden it is possible to combine motherhood with a working life,” he argues. “It is not only the parental leave: it is also the subsidised childcare and the gender equality.”

For Swedes, improving the demographic profile is advanced as one of the most powerful arguments in favour of immigration. At a meeting in Brussels in June, Prime Minister Stefan Löfven enjoined other European countries follow his country’s example.

“I am not going to sweep under the carpet the fact that it’s a major challenge at the moment,” he said of Sweden’s high levels of asylum applications. “But it is also an asset. We must recognise that if we do not do this now, we are going to have a gigantic problem in a few years.”

Immigration also props up the fertility rate and Britain and France have received a similar fillip to its population growth as a result.

But across huge swaths of the European Union, longstanding communities are disappearing and the social burden on the young is becoming unsustainable. Meanwhile, in Kos, Lampedusa and on the Hungarian border, tens of thousands plead to be allowed in.

 

Futuro incierto: ¿se jubilarán quienes trabajan hoy?

Domingo 26 de julio de 2015 | Publicado en edición impresa

Cerca de los efectos del envejecimiento poblacional, la Argentina tiene mucho que cambiar hoy para poder pagar prestaciones mañana

Por Silvia Stang  | LA NACION

A sus 35 años, Eugenio Caldararo dice que espera no necesitar en el futuro de una jubilación para poder vivir; la expectativa de este profesional es contar para entonces con ahorros suficientes conseguidos durante su vida laboral. En una mirada sobre la sociedad, cree que lo ideal será un sistema que ofrezca una cobertura básica para todos.

La idea de que al llegar a la edad del retiro laboral no los esperará, como fruto de sus aportes, un ingreso mensual apto para mantener su nivel de vida está en el pensamiento de muchos trabajadores actuales.

En un país en el que es difícil pensarse en el corto plazo, con gobernantes que siembran temor al decir que si llegan otros no se respetarían derechos sociales, existen razones de fondo que sostienen la preocupación de los trabajadores.

Mientras que hoy hay seis personas en edad activa por cada adulto de 65 años o más, en 2050 habrá tres y en 2100, sólo dos. Y esas dos personas tendrán que sostener, con parte de los recursos generados por su trabajo, a una que -buena noticia, sin dudas- vivirá muy probablemente más años que los jubilados actuales. En ese escenario, la alta informalidad, además de ser un problema en sí mismo, frena las posibles y necesarias mejoras de productividad.

La distribución por rangos de edad que muestra hoy la población ubica al país en una etapa de “ventana” o “bono demográfico”. Con una participación del 10% de las personas mayores de 65 años sobre el total de habitantes -un índice que se duplicará hacia 2050-; una tasa de fecundidad en caída -la participación de los menores de 15 años no variará de aquí a 2100-, y la expectativa de vida en alza -hoy es de 75 años y será de 85 al final del siglo-, la Argentina está en la etapa previa a la signada por los costos asociados al envejecimiento poblacional.

El “bono”, que implica una condición demográfica favorable para crecer, terminará hacia 2035. Entonces se agravarán los problemas para financiar a los pasivos. Esto plantea, según un informe del Banco Mundial, un desafío urgente.

¿No falta mucho para eso? Hay al menos dos razones por las cuales la respuesta es no. Una es que a partir de entonces comenzarán a llegar a su edad de retiro quienes están hoy en sus 30 o sus 40 y tantos (como regla general, la edad para jubilarse es ahora de 60 años para las mujeres y de 65 para los varones) o, visto de otra manera, los nacidos entre 1970 y 1980 serán los adultos mayores de 2040 a 2060; la otra razón es que, si se pretende un sistema sostenible, lo que hay que hacer hay que hacerlo ya.

Y lo que se necesita, según coinciden los expertos, es un crecimiento significativo de los niveles de ahorro e inversión, un alza de la productividad y una reducción de la informalidad.

 

De alguna forma, el desafío es trasladar a la sociedad una idea que muchos tienen en lo personal. “Hoy la demografía plantea un desafío que se resume en la pregunta ¿qué debería hacer la Argentina para hacerse rica antes de hacerse vieja?”, dice el economista José María Fanelli, profesor de la Universidad de San Andrés.

El informe del Banco Mundial titulado Los años no vienen solos proyecta que, de mantenerse el statu quo, el gasto para cubrir las prestaciones jubilatorias, de salud y de educación pasará del 20 al 26,6% del PBI entre 2010 y 2050. ¿Qué hacer? Rafael Rofman, el especialista líder en Protección Social del mencionado organismo y uno de los autores del estudio, describe las salidas posibles con advertencias sobre sus efectos: “Cobrar más impuestos ayudaría en lo fiscal, pero hay límites porque se puede afectar la economía; limitar el aumento del gasto con la suba de la edad jubilatoria o la reducción de beneficios tendría un impacto negativo sobre el bienestar de la población y eso no es deseable; lograr un crecimiento sostenido para un mayor PBI per cápita permitiría que, aunque sean menos los que producen, haya más para repartir”.

El último punto supone el desafío de mejoras en la productividad, que entre otros factores depende de la educación y la inversión. El camino implica evitar la dependencia, ocurrida en los últimos años, de lo externo o coyuntural, como la variación de precios de las commodities.

¿Qué reparte hoy el sistema previsional? En los últimos años se elevó la tasa de cobertura y así, casi el 95% de la población mayor cobra un haber, según la Administración Nacional de la Seguridad Social (Anses).

En 2014, la seguridad social insumió $ 425.980 millones, un 38% de las erogaciones del Estado nacional -que hoy tiene un fuerte déficit-, según la Asociación Argentina de Presupuesto y Administración Financiera Pública (ASAP). El índice demuestra la magnitud del desafío de prever los ingresos para los pasivos y, a la vez, sostener las otras funciones del Estado.

Además de que su financiamiento no se previó para el largo plazo, un problema del índice de cobertura previsional es que se logró, según recuerda Rofman, con moratorias para quienes no hicieron aportes o los hicieron en cantidad insuficiente. Y al ser una medida con efecto temporal (sólo sirve a personas de hasta cierta edad, dado el período por el que se pueden declarar deudas) no soluciona el problema de una sociedad en la cual, si se considera a asalariados y cuentapropistas, el 46% de los trabajadores (según datos de la OIT) o el 49% (de acuerdo con la encuesta de deuda social de la Universidad Católica Argentina) no hace aportes.

Esa enorme deficiencia -vinculada a la precariedad laboral y que demuestra que de no haber cambios, la cobertura volverá a caer- desafía la necesidad de una mayor productividad, es decir, de elevar el valor de los bienes y servicios surgidos del trabajo de cada uno para así recaudar más, ya sea por aportes y contribuciones o por impuestos generales, las dos fuentes de recursos de las que dependen las jubilaciones. “En Taiwán hubo un alza de la productividad entre generaciones de 5 veces; acá, en los próximos 30 años podría crecer entre 50 y 60%”, advierte Fanelli. Un estudio del Ieral muestra que entre 2011 y 2014, con el empleo estancado en la actividad privada, la productividad se redujo a razón de 0,9% por año.

Y mientras que la tasa de inversión en el país no llega a 20% del PBI, Fanelli señala que países que atravesaron mejor su transición demográfica llegaron a más de 30%. “Esta es una etapa en que se necesita ahorrar mucho y hoy eso no ocurre”, dice. Y advierte sobre la necesidad de que los recursos vayan a inversión. “Porque se puede ahorrar y que eso no vaya a lo productivo; a nuestro país le pasa que tiene medio PBI en el exterior, y por eso, a los desafíos pendientes hay que agregar el de garantizar la seguridad jurídica”, agrega.

PRODUCIR MÁS, TRABAJAR MÁS

Así como las edades de ingreso y egreso del mercado laboral influyen para determinar la necesidad de recursos, poder contar con más trabajadores mejoraría la ecuación. “Entre las medidas posibles para abordar el desafío de la sostenibilidad están el aumento de las tasas de actividad (porcentaje de personas que trabajan o buscan hacerlo, sobre la población total) y de empleo, especialmente entre las mujeres y los jóvenes”, dice Fabián Repetto, director del Programa de Protección Social de Cippec, quien agrega que también podría promoverse un alza de la población en edad de trabajar por flujos inmigratorios.

Actualmente, la participación de los jóvenes de entre 25 y 29 años no sólo es más baja aquí que en un grupo de países desarrollados como Estados Unidos, Alemania o España, sino que, además, la tasa cayó de 79,8 a 77,5% entre 2004 y 2014, según un informe basado en datos del Indec y de la OIT hecho por los economistas del Ieral Marcelo Capello, Gerardo García Oro y Laura Caullo.

En cuanto a la participación de las mujeres en el trabajo, la tasa, de 37,1%, es baja en relación con países como Estados Unidos (44,6%) o Brasil (44,1 por ciento).

¿Y qué pasa con los cambios en el propio sistema jubilatorio?

Una reforma “clásica”, fuente de protestas en varias latitudes, es la suba de la edad jubilatoria. Para Rofman, lo ideal es ser flexibles y lograr el efecto positivo (para las cuentas de un país) derivado de una salida más tardía de la actividad laboral, pero sin imposiciones. “Si se obliga hay efectos negativos; quien por ahí iba a retrasar un poco su retiro, ante la incertidumbre se va en cuanto puede, y el efecto puede ser inverso al buscado”, define. La recomendación es que existan incentivos para que las personas trabajen más tiempo, elevando el nivel de las prestaciones cuanto más años con aportes se logren sumar.

“Deberemos repensar la jubilación como un ingreso universal para los adultos mayores, financiado con recursos fiscales y complementado con sistemas de ahorro privado”, dice el economista Eduardo Levy Yeyati, director de la consultora Elypsis, en línea con lo que muchos trabajadores actuales creen para su futuro.

Promover el ahorro de quienes tienen cierto nivel de ingresos aliviaría el efecto fiscal. Dicho sea de paso, la solución al problema de doble índole (económica y fiscal) que trae el envejecimiento no se resuelve en la antinomia “capitalización o reparto”. “El tema es qué decide hacer la sociedad para pagar; en Chile el Estado se pudo correr de una parte, pero se hizo cargo del resto”, describe Rofman.

Fruto no de una estrategia, sino de la eliminación del sistema de capitalización, la Anses tiene un fondo de garantía cuyas inversiones valen algo más que el pago anual de las prestaciones. Pero la sostenibilidad del sistema no depende de eso, sino del flujo de ingresos y del número de pasivos con los que se está y se estará obligado. El uso de ese fondo está previsto para un déficit temporal, pero su composición hace dudar de la efectividad: “En su mayoría es deuda pública, que podría netearse de modo de reducir el coeficiente de endeudamiento -opina Levy Yeyati-. El resto de los activos podría integrarse al Tesoro, tal vez en el marco de un fondo anticíclico que aísle el gasto social de vaivenes fiscales”.

A sus 45 años, Lucas Nemesio, empresario bodeguero, admite que no piensa en su jubilación. “Creo que es como una caja de Pandora que abriremos en su momento”, dice.

Entretanto, los expertos insisten en que los datos avisan… Y a un país, la sorpresa no se le debería permitir.

EL TEMA EN PRIMERA PERSONA

Eugenio Caldararo

Profesión: contador

Edad: 35 años

“Espero tener ahorros para no necesitar la jubilación. Creo que lo ideal sería un piso que cubra lo básico y que quien trabaja bien ahorre”

Carla Bertolozzi

Profesión: empleada

Edad: 37 años

“La expectativa es estar igual o peor a lo que vive mi madre hoy. Por suerte tiene hijas que la ayudan. Espero que cambiemos para soñar algo mejor”

Fernando Silva

Profesión: Licenciado en Administración

Edad: 43 años

“Con la ley actual, la jubilacion es un impuesto mas. No se consideran los mejores años de salario sino los ultimos diez. Hay que modificar la ley”

Dolores Roccasalvo

Profesión: fotógrafa

Edad: 36 años

“Que en menos de 25 años se estructure un sistema de reparto justo y acorde con la situación, requiere un gran compromiso”

Agustín Meilan

Profesión: abogado

Edad: 38 años

“Nada hace pensar que las cosas serán distintas; con esfuerzo personal habrá que suplir la ineficiencia estatal”

Lucas Nemesio

Profesión: bodeguero

Edad: 45 años

“Ni siquiera pienso en ello. Personalmente creo que mi jubilación será fruto de la renta e inversión privada durante mis años activos”.

Hillary Clinton delata la agenda oculta del nuevo orden mundial

Un incómodo manto de silencio se ha extendido sobre las sorprendentes palabras de Hillary Clinton. Quizá la dama ha hablado más de lo conveniente

 

http://www.religionenlibertad.com/hillary-clinton-delata-la-agenda-oculta-del-nuevo-orden-mundial-43963.htm

José Javier Esparza

Los culturales profundamente arraigados, las creencias religiosas y las fobias estructurales han de modificarse. Los gobiernos deben emplear sus recursos coercitivos para redefinir los dogmas religiosos tradicionales”. Estas palabras de Hillary Clinton, pronunciadas públicamente y sin tapujos en un simposio pro abortista, han dejado a más de uno con la boca abierta. ¿Reformar coercitivamente las religiones? ¿Dónde queda entonces la libertad religiosa? ¿Modificar las identidades culturales? ¿Dónde queda entonces la libertad, simplemente, de existir? Semejantes intenciones, en boca nada menos que de la principal candidata demócrata a la presidencia de los Estados Unidos, deberían haber abierto un fuerte debate. No ha sido así. Muy significativamente, los principales medios de comunicación en todo occidente han preferido silenciar el asunto. Revelador.

Además: ¿Quién es Hillary Clinton?
¿Qué significa eso que ha dicho Hillary Clinton? Uno, que los “códigos culturales profundamente arraigados”, esto es, las identidades culturales tradicionales, son en realidad nidos de “fobias estructurales”, es decir, prejuicios que es justo y razonable eliminar. Dos, que dentro de esas “fobias estructurales” están “los dogmas religiosos tradicionales”. Tres, que los gobiernos, el poder público, están legitimados para utilizar su fuerza coercitiva contra los dogmas religiosos y las identidades culturales. Cuando se repara en que esa fuerza coercitiva es, en plata, el “monopolio legal de la violencia”, uno frunce inevitablemente el ceño en un gesto de preocupación. Cuando además se constata que las “fobias” y los “dogmas” son los principios tradicionales de la civilización occidental, es decir, la filosofía natural (por ejemplo, el derecho a la vida), entonces la preocupación asciende hasta la alarma. Lo que Hillary Clinton ha expresado es un proyecto político totalitario de ingeniería social y cultural. Ni más, ni menos.Ese proyecto ya está en marcha¿Sorprendente? En realidad, no tanto.

Además: Hillary Clinton agita las bases de la libertad de conciencia en los EEUU
Esos tópicos no son nuevos: circulan en la ideología moderna desde la revolución francesa. Por otro lado, guardan perfecta consonancia con lo que hemos venido viendo en occidente en los últimos veinticinco años, desde la caída del Muro de Berlín en 1989: los programas de ingeniería social de la ONU –con frecuencia avalados por los Estados Unidos-, las políticas abortistas y homosexualistas adoptadas por casi todos los países europeos y el desmantelamiento de las identidades étnicas en el espacio occidental. Hillary Clinton se ha limitado a hacer patente lo que ya estaba latente.

Estas palabras de Hillary Clinton han sido interpretadas en clave estrictamente norteamericana: son un proyecto de ingeniería social –más bien diríamos espiritual- en un país que se precia de haber nacido sobre la base de la libertad religiosa. Es cierto que, en el contexto norteamericano, semejantes ideas no dejan de ser una rectificación de la propia identidad fundacional del país, de manera que es comprensible el estupor de muchos. Sin embargo, los propósitos de Clinton forman parte de los temas habituales de la izquierda yanqui desde 1968. Por así decirlo, lo que hemos visto ahora es su “puesta de largo”, su transformación en programa político sin camuflajes.

Además: Clinton declara la guerra a la religión
Del mismo modo, muchos observadores han visto en estas declaraciones de Hillary Clinton una especie de declaración de guerra contra el cristianismo. Es también una perspectiva correcta, pero incompleta: la guerra no atañe sólo a las religiones tradicionales, sino que se extiende, como dice la propia señora Clinton, a los “códigos culturales arraigados”. Es decir que toda identidad cultural histórica, sean cuales fueren su espacio y naturaleza, deben también ser reformadas coercitivamente por el poder público. No es sólo la religión la que corre peligro; la amenaza se extiende a cualquier rasgo identitario que no encaje con el programa del “tiempo nuevo” marcado por la globalización y su potencia hegemónica, que son los Estados Unidos de América.

¿Y los europeos qué hacemos? En general, seguir la estela. Bien es cierto que el camino presenta complicaciones inesperadas y éstas han tardado poco en surgir. Es francamente difícil mantener la cohesión social en un contexto de desmantelamiento de los “códigos culturales profundamente arraigados”. A este respecto la experiencia francesa es sumamente interesante: desde los años 80, Francia ha vivido un proceso de construcción de una nueva identidad sobre la base de la llamada “identidad republicana” que, en la práctica, ha consistido en la destrucción de los referentes clásicos de la nación y su sustitución por dogmas nuevos. “Francia –decía De Gaulle- es una nación europea de raza blanca y religión cristiana”. Empezó a dejar de serlo muy poco después de la muerte del general.

El europeísmo se convirtió en una suerte de cosmopolitismo que veía a Francia como protagonista de un mundo sin fronteras, un mundo en el que la propia Europa no es otra cosa que una región privilegiada en el contexto global. Asimismo, cualquier factor de carácter étnico –racial, cultural, etc.- empezó a ser tabú en provecho de una sociedad de nuevo cuño edificada sobre la afluencia masiva de población extranjera. En cuanto a la religión, iba a ser sistemáticamente postergada en la estela de un laicismo radical que no ha amainado ni siquiera cuando Sarkozy, en San Juan de Letrán, descubrió ante Benedicto XVI los valores del “laicismo positivo”. El resultado ha sido una nación desarticulada en lo político, lo económico y lo social. El discurso oficial sigue caminando hacia el mismo sitio, pero la realidad social ya marcha por otra. El crecimiento del Frente Nacional no es un azar. Los políticos tratan de reaccionar adaptándose al terreno. Lo último fue ver al primer ministro Valls, que el año anterior había abierto institucionalmente el ramadán, reivindicar ahora el carácter inequívocamente cristiano de Francia. Quizá demasiado tarde.

Sea como fuere, lo que ha expuesto la candidata demócrata a la presidencia de los Estados Unidos es mucho más que una declaración de intenciones: es cabalmente el programa del nuevo orden mundial, que para imponerse sin grandes resistencias necesita, precisamente, derruir los arraigos culturales y las religiones tradicionales. Era inevitable que alguien terminara invocando la fuerza del Estado para ejecutar coercitivamente la operación. Hillary Clinton lo ha hecho. La izquierda europea, muy probablemente, se subirá al carro. Así veremos a nuestra izquierda respaldar la política mundialista en nombre del progreso. Las vueltas que da la vida…

© La Gaceta

Boletín 297: Prohibido decir “sobrepoblación”

Boletín 297: Prohibido decir “sobrepoblación”.

portada

Por Steve Mosher

El 11 de julio Naciones Unidas celebró la 26 edición del Día Mundial de la Población. El objetivo de este evento anual es recaudar dinero reciclando el mensaje alarmista sobre los peligros del crecimiento de la población mundial y luego usarlos para promover el aborto, la esterilización y la anticoncepción entre las mujeres pobres y vulnerables de países en desarrollo.

El problema con este discurso es que, en muchas regiones del mundo, la población no crece sino que inclusive está disminuyendo. Alrededor de la mitad de la población mundial vive en países “de baja fertilidad”, donde las mujeres en toda su vida tienen menos de 2,1 hijos en promedio. Los países de baja fertilidad incluyen ahora toda Europa (excepto Islandia), América (17 países), y la mayor parte de Asia (19 países). En la lista de países de baja fertilidad están China, Estados Unidos, Brasil, la Federación de Rusia, Japón y Vietnam.

Las tasas de crecimiento demográfico han disminuido drásticamente desde la década de 1960, cuando la población mundial creció a un ritmo de 2,1% cada año. Esa tasa es ahora aproximadamente un 1% al año. La proyección de la variante baja de la ONU (históricamente la más precisa) indica que llegaremos a un pico máximo de alrededor de 8,300 millones de personas en 2050. Incluso la variante de proyección media muestra que el crecimiento demográfico disminuirá a 0,1% a finales de siglo, y se volverá negativo más allá del 2100. En cualquier caso, la población del mundo nunca volverá a duplicarse como puede apreciarse en el gráfico que reproducimos a continuación.

cuadro

Las tasas de fertilidad han caído a sus mínimos históricos. La variante de proyección media de ONU estima que las mujeres tienen ahora un promedio de 2,45 hijos durante su vida reproductiva, mientras que la variante baja la fija en tan solo 2.05. El promedio global fue 4,97 hace sólo 60 años. Bajo cualquier variante, estas cifras estarán muy por debajo de reemplazo antes de fin de siglo. Después de todo, la tasa global de fecundidad necesaria para reemplazar la generación actual es de 2,23 hijos por mujer y con ello se evitaría el declive de la población.

Muchos países desarrollados ya están sufriendo los efectos de la disminución de la población. Las poblaciones en muchas áreas están envejeciendo rápidamente y las cohortes más jóvenes son cada vez más pequeñas. Los sistemas de seguridad social están al borde del colapso con cada vez menos trabajadores luchando para sostener a un creciente número de personas de edad avanzada.

En Japón, el aumento de la urbanización junto a la caída de las tasas de fecundidad ha dado lugar a un drástico despoblamiento de muchas ciudades y pueblos rurales. El crecimiento económico está en serio peligro ya que la oferta de trabajadores es cada vez más pequeña. Las personas de la tercera edad están siendo abandonadas por sus hijos únicos que a su vez han decidido no tener hijos en absoluto. Se trata simplemente que hay muy pocos miembros de la generación más joven para cuidar de los ancianos.

Europa también se está recuperando de los efectos de la disminución de la población. En Italia, Portugal, Polonia, Rusia y la mayor parte de Europa meridional y oriental, las tasas brutas de mortalidad superan las tasas brutas de natalidad. La tasa de fecundidad para toda Europa es de 1.58, muy por debajo de la tasa de fecundidad 2,09 reemplazo, receta contra el desastre demográfico.

Las tasas de crecimiento también han disminuido en muchos países en desarrollo. Tailandia, Myanmar y Túnez están todos por debajo del nivel de reemplazo de la fertilidad. Incluso en la que alguna vez fue fértil, Bangladesh, se prevé que caiga por debajo del umbral de reemplazo en 2020. La variante de proyección media de ONU predice que la población de Bangladesh comenzará a contraerse después de 2060, si consideramos la variante baja esto sucedería algunos años antes.

La política de planificación de nacimientos de China (un niño en las ciudades; dos en el campo) ha llevado su tasa de fecundidad a un insostenible 1,66, muy por debajo del estimado 2.22 que necesita para estabilizar su población. Las niñas siguen siendo abortadas o asesinadas al nacer en proporciones impactantes. Hay 116 niños nacidos en China por cada 100 niñas, una de las ratios más sesgadas del mundo. Millones de hombres chinos nunca se casarán.

A pesar de este panorama desolador, todavía hay quienes usan un lenguaje alarmista para abogar por los programas de control de la población.

Bajo la administración de Obama, el control de la población sigue siendo un objetivo clave de la ayuda exterior. En 2014, varias agencias del gobierno de Estados Unidos se gastaron 2,770 millones de dólares en “planificación familiar y salud reproductiva”, una suma de dinero que hace casi ridículos los otros gastos en salud, nutrición, abastecimiento de agua y saneamiento, paludismo, enfermedades pandémicas y cuidado de la salud en general.

Sólo el tema del VIH / SIDA recibió 3,420 millones de dólares, y gran parte de este dinero también fue a las organizaciones de control de población para fines de control de población. Los mismos dispositivos que supuestamente impiden la propagación del SIDA también evitan la “propagación del embarazo”.

Los gastos en salud materno-infantil llegaron a unos míseros 497 millones de dólares. A pesar que una de las maneras más seguras de reducir la fertilidad es bajar las tasas de mortalidad infantil.

USAID no exagera cuando dice que “ha sido el donante principal de la planificación familiar internacional desde hace más de 40 años… casi todos estos años ha contribuido con el 40-50% del total de los fondos aportados por todos los donantes.”

Dado que las tasas de natalidad están cayendo más y más rápido de lo que nadie imaginó que era posible hace tan solo un par de décadas, ¿qué es lo que viene haciendo ONU para que Estados Unidos y el resto del mundo puedan seguir poniendo dinero en combatir la superpoblación?

Cambiar el tema, eso es lo que hacen.

El discurso del “Día Mundial de la Población” de este año no es por supuesto “sobrepoblación”, sino “poblaciones vulnerables en situaciones de emergencia”. Esto no es nada más que un intento de explotar las condiciones trágicas y desesperadas de los millones de desplazados o amenazados por la guerra, desastre o el extremismo violento para recaudar fondos y usarlos después en control de la población.

Por supuesto, es cierto que UNFPA no tiene reparos en promover anticonceptivos y abortos en poblaciones vulnerables en su momento de mayor necesidad. Citando sus propias palabras: “UNFPA trabaja en situaciones de emergencia en todo el mundo para responder a los derechos y las necesidades de las mujeres y las niñas,… asegurar… la restauración de su acceso a los servicios de salud sexual y reproductiva”. http://www.un.org/es/events/populationday/

Los refugiados tienen una necesidad de extrema urgencia en casi todo. Por lo general, carecen de un lugar para vivir, alimentos, acceso a agua potable, atención de la salud y… la lista podría ser interminable.

Pero para el “Día Mundial de la Población” de este año, lo que ONU quiere darles es… control de la natalidad.

El 27 % de los adolescentes rosarinos no estudia ni terminó la secundaria

Lunes, 01 de junio de 2015  01:00 | La Ciudad

El 27 % de los adolescentes rosarinos no estudia ni terminó la secundaria

http://www.lacapital.com.ar/la-ciudad/El-27–de-los-adolescentes-rosarinos-no-estudia-ni-termino-la-secundaria-20150601-5123.html

Silvina Dezorzi / La Capital

Un informe de UNR-Unicef muestra que el abandono arranca a los 13. En la franja de 15 a 17, Santa Fe muestra uno de los peores índices de escolarización del país.

En Santa Fe, 43 mil adolescentes de 12 a 17 años quedan afuera de la escuela, pese a que desde el 2006 la secundaria forma parte de la educación obligatoria. En rigor, la escolarización alcanza un nivel de universalidad sólo entre los 5 y 12 años, pero ya a los 13 empiezan procesos de abandono que se agravan aceleradamente al llegar a los 16, cuando  uno de cada cuatro chicos deja de ir a clase, proporción que a los 17 cae a uno de cada tres. En el departamento Rosario el panorama es similar: en el sistema educativo crece el ingreso al nivel inicial (4 y 5 años), ronda el 100% entre los 5 y los 12, pero luego cae progresivamente hasta que a los 17 sólo asisten a la secundaria el 68,7% de los pibes: uno cada tres queda afuera. En guarismos globales el 27% de los jóvenes rosarinos no estudia ni terminó la secundaria. La estadística surge de una investigación realizada por un equipo de la UNR y Unicef presentada hace pocos días en la Feria del Libro porteña, pero —hay que aclararlo— es previa al plan Vuelvo a Estudiar que lanzó la provincia en 2013 y que el año pasado logró reinsertar a 2.600 alumnos.

  A nivel provincial, el informe sobre Adolescentes y Secundaria Obligatoria (basado en datos del censo nacional 2010) señala que “el salto más intenso” (de abandono escolar) se da de los 15 a los 16: “con sólo un año de diferencia, la asistencia de la población desciende 14 puntos”.
En el concierto nacional, “a grandes rasgos” Santa Fe muestra “valores similares” a los del resto del país, “con un perfil parecido de disminución progresiva”. Sin embargo, señala el informe, en la franja de edad que va de 15 a 17 se abre una “brecha” y “el porcentaje de asistencia en Santa Fe” cae 5 puntos abajo de los números del total nacional, “indicando peores niveles de cobertura”.
“Esta diferencia permite concluir que el sistema educativo de  Santa Fe tiene menor capacidad de captación de la población de 15 a 17 años, en cualquiera de sus niveles y modalidades, respecto del país analizado en su conjunto”, remarca el estudio.
De hecho, al comparar la situación con las otras 23 jurisdicciones, Santa Fe ocupa el lugar Nº 21 según la tasa de asistencia de la población de entre 15 y 17 años, “una de las más bajas del país” y sólo por encima de Chaco, Santiago del Estero y Misiones.
La progresión de esa tasa es la siguiente: entre los chicos de 6 a 11 años, Santa Fe se ubica en el puesto 11º a nivel nacional, pero ya en el tramo siguiente, de 12 a 14, baja al 15º.
Las hipótesis sobre la mala performance entre los 15 y 17 años parece exceder el marco local. Ese rango de edad, que los investigadores definen como el de “mayor variabilidad”, se ubica en algunas jurisdicciones del país por arriba del 90 %, mientras que en otras cae debajo del 70, lo que indica que es en ese “tramo de edad donde las desigualdades entre provincias” se hacen más intensas.
En cuanto al departamento Rosario, el informe devela que 26 mil jóvenes de 15 a 19 años (el 26,7 % de esa población) no asisten a la escuela y no lograron terminar la secundaria.
A partir de los 14 se acelera la inasistencia y llega a su pico a los 17, cuando el 32,3 % de los adolescentes ya no va a clases. Y otra cuestión significativa: también a los 14 se empieza a manifestar diferencia entre los sexos, ya que las chicas sostienen la escolaridad mucho más que sus compañeros: de los 13.700 pibes que entre los 12 y 17 años no asisten a la escuela, 7.700 son varones y 6.000 mujeres.
Eso “sugiere”, dice el informe, que “la población masculina está más expuesta a los procesos que generan y consolidan la exclusión educativa”.

Marco nacional. Aunque el secundario es obligatorio y todos los estamentos de gobierno se esfuerzan por cumplimentar ese derecho, el 37,6% de los jóvenes de 20 a 24 años no completó el nivel y el 12,45% de los alumnos repite el ciclo básico, cifras que preocupan “en los grandes centros urbanos, donde hay una concentración importante de adolescentes”.
Ante esa dificultad, Unicef Argentina desarrolla la serie de estudios “Educar en ciudades” y en ese marco el trabajo de los investigadores de la UNR tomó como objeto el Programa Joven de Inclusión Socioeducativa (que desarrolló la Dirección de Políticas Públicas de Juventudes, dependiente de Promoción Social municipal), iniciativa destinada a chicos de 14 a 17 años no escolarizados, con el fin de “favorecer su circulación por ámbitos sociales y culturales” y “facilitarles el acceso y la continuidad en el sistema educativo formal”.
Como no podía ser de otro modo, al analizar la escolarización según la economía familiar, el informe deja claro que “los adolescentes de los hogares con más bajos ingresos poseen menos oportunidades de acceso y permanencia”. Y aún más determinante es la historia familiar: quienes vienen de núcleos “donde ningún miembro finalizó la escuela secundaria poseen menos oportunidades de acceso y permanencia”. Sus probabilidades de abandonarla son “significativamente mayores”.
Y en materia laboral, el estudio concluye que las dos terceras partes de la población adolescente que no asiste a la escuela tampoco trabaja.

Un estudio que echa luz sobre experiencias y territorios

Cómo aumenta y va impactando la sobreedad escolar en el abandono de los estudios secundarios (sólo uno de cada cinco alumnos termina en el tiempo previsto) y el hecho de que la cobertura del nivel medio haya crecido más intensamente en los 90 que entre 2001 y 2010 son otros puntos sugestivos y muy interesantes de la investigación. Pero más allá de los datos “duros” y estadísticos, el Programa Joven de Inclusión Socioeducativa como política en sí fue el eje que la investigación UNR-Unicef procuró analizar. Para eso no se limitó a revisar papeles, sino que apeló a un abordaje cualitativo que tuvo en cuenta prácticas sociales concretas, contextos cotidianos, representaciones y saberes de los educadores y los jóvenes, procesos de construcción social, de apropiación y significación. Las voces de todos los actores (referentes del programa, funcionarios, jóvenes) dotaron de sentido y color al ambicioso trabajo.
El trabajo de campo se desplegó en “anclajes” (dos en el distrito noroeste, uno en el sudoeste y otro en el sur, todos de “barrios priorizados”), dentro de los entonces centros territoriales de referencia, hoy de convivencia barrial. Y en ese abordaje tuvo en cuenta las transformaciones del territorio sociourbano (segmentaciones, concentración de la pobreza, circuitos delictivos ligados al narcomenudeo y profundización de la desigualdad que acentuaron los años 90) y los avatares del plan.
Al inicio del informe, la responsable de Educar en Ciudades, la investigadora de la Universidad Nacional General Sarmiento Flavia Terigi, expresó su confianza en que los resultados contribuyeran “a la evaluación de alternativas de políticas públicas tendientes a garantizar el derecho a la educación de todos los adolescentes y jóvenes que habitan los grandes centros urbanos y a promover nuevas miradas sobre los itinerarios escolares y el sentido de la educación secundaria” en Argentina.

PENSIONES EN LATINOAMÉRICA EN PELIGRO POR UNA POBLACIÓN QUE ENVEJECE, INFORMA EL BID

LUNES 20 DE ABRIL DE 2015 06:49 PM

La tasa de fertilidad ha caído en las últimas décadas en América Latina.

La tasa de fertilidad ha caído en las últimas décadas en América Latina.
Las pensiones en América Latina y el Caribe corren el riesgo de volverse muy costosas para los países a medida que la población envejece, según un informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) publicado este lunes.
La región enfrenta una baja cobertura de los sistemas de pensiones, tanto en la cantidad de trabajadores que contribuyen a los fondos como de personas de la tercera edad que reciben algún tipo de pensión.
En respuesta, muchos países se han volcado a las pensiones sociales -transferencia directa de dinero-, según el informe, patrocinado también por el Banco Mundial y la OCDE.
“Sin embargo, estas políticas podrían plantear desafíos fiscales significativos en las próximas décadas debido a que la población envejece”, concluyeron los autores.
La tasa de fertilidad en América Latina, en caída en las últimas décadas, registró un promedio de 2,57 niños por mujer entre 2005 y 2010. Para 2025-2030 se espera que la tasa caiga hasta 2,10, y 1,91 veinte años después.
En promedio en la región solo 45 de cada 100 trabajadores cotizan o están afiliados a un plan de pensiones, “un porcentaje que no ha cambiado mucho en la última década” y que responde a factores educativos, de género y nivel de ingresos.
Los trabajadores más educados, los hombres (83% de los hombres trabajan frente a 56% de las mujeres) y quienes tienen ingresos elevados hacen contribuciones relativamente mayores.
“Sólo del 20 al 40% de los trabajadores de ingresos medios contribuyen a una pensión, lo cual les hace particularmente vulnerables a los riesgos de pobreza en la vejez”, según el estudio realizado en 26 países.
También contribuyen más a los sistemas de pensiones los asalariados y los trabajadores de empresas grandes.
Esas diferencias harán que gran parte de la población latinoamericana recurra a otras formas de ingreso para garantizar su jubilación, como un nuevo trabajo, activos inmobiliarios, el apoyo familiar y las pensiones sociales.
Las pensiones sociales se están expandiendo en América Latina, y son de gran importancia para los sistemas de pensiones de Guyana y Bolivia, seguidos de Venezuela y Brasil.
Por eso los organismos de desarrollo recomiendan a los gobiernos evaluar esa alternativa, siempre que se considere su sostenibilidad financiera, en momentos en que la región atraviesa una desaceleración económica y un presupuesto fiscal constreñido.
Pero también llaman a los países a diseñar políticas que incrementen la participación en el mercado laboral formal, especialmente de las mujeres, para que puedan construir por su cuenta y a su medida sus pensiones.
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