Cae la tasa de fecundidad de la Argentina: ya es similar a la de Europa

Jueves 29 de Octubre | 04:59

Un estudio revela que los nacimientos en el país están casi por debajo de lo necesario para que la población se mantenga estable.

Cae la tasa de fecundidad de la Argentina: ya es similar a la de Europa

Cae la tasa de fecundidad de la Argentina: ya es similar a la de Europa

En materia poblacional, la Argentina profundizó en estos años su tendencia a “europeizarse”: cada vez menos hijos y a edades más tardías. Esto generó que, junto a Chile, Uruguay, Brasil y Cuba, sea de los países de América Latina con menores tasas de fecundidad, y ya está casi debajo de la tasa de remplazo (2,1 hijos por mujer) necesaria “para que la pirámide de población se mantenga estable”. Así lo define el informe sobre natalidad elaborado por el Instituto de Ciencias Sociales de la Fundación UADE (Universidad Argentina de la Empresa), consignó Tiempo Argentino.

Bajo la pregunta “¿Hay menos niños en la Argentina?”, los investigadores de la UADE analizaron el número de hijos por mujer a nivel mundial en los últimos 60 años. Según publicaron, se redujo a escala planetaria de 5,02 a 2,55 en promedio “lo que da cuenta de una importante tendencia a la baja de la fecundidad femenina, que se ha venido agudizado en los últimos años, y se manifiesta en envejecimiento poblacional”. Si bien hay diferencias entre regiones, la Argentina no es ajena a esa dinámica.

Para que la pirámide de población se mantenga estable, el número de hijos por mujer debiera ser 2,1, la tasa de fecundidad que asegura el nivel de remplazo. El informe sostiene que las regiones más desarrolladas del mundo se encuentran por debajo del nivel de reemplazo (1,6). En tanto que las regiones en desarrollo, “si bien redujeron fuertemente su tasa de fecundidad de 6,15 a 2,75 entre 1950 y 2010, acorde a las tendencias mundiales”, aún se encuentran por encima del nivel de remplazo.

América del Norte (2,0) y Europa (1,45) se encuentran debajo del nivel de remplazo desde los ‘70. En el otro extremo, África (4,67) tiene la mayor tasa de fecundidad. En ese contexto, América Latina llega a 2,37 hijos por madre.

La Argentina tenía 2,18 en 2013, tal como afirma la UADE: “con tasas de fecundidad en baja, se acerca cada vez a tener una población envejecida, siendo que para 2015 ya está por debajo con 2,11 hijos por mujer en promedio, según datos del INDEC (en 2011 era de 2,45)”. Estos valores son casi similares a Francia. Se ubica por debajo de los 3,03 de Israel, los 5,86 de Angola; y por arriba del 1,92 de Gran Bretaña, el 1,79 de Bélgica; 1,61 de Canadá. En la región, Guatemala (3,78), Bolivia (3,22), Haití (3,15) y Honduras (3) encabezan la tasa de fecundidad. Brasil (1,8), Costa Rica (1,8) y Cuba (1,45) se ubican en el otro extremo.

“Según estimaciones de la CEPAL, para el 2050 la fecundidad en América Latina sería de 1,85, por debajo del nivel de remplazo”, agrega el texto, que atribuye la baja fecundidad femenina a una mayor difusión de métodos anticonceptivos y de planificación familiar, “el aumento de la educación y de la participación de la mujer el mercado de trabajo y la dificultad de conciliar familia y empleo”.

En nuestro país –indicaron- existen indicios de brechas entre la fecundidad deseada y efectiva, “donde las mujeres más educadas tienen menos hijos de los que preferirían, por restricciones del entorno (dificultad para conciliar familia y trabajo), en tanto las menos educadas tienen más hijos que los deseados por falta de planificación familiar adecuada”. Y pidieron que esta doble insatisfacción sea atentida para la elaboración de políticas públicas en torno a la planificación familiar “que países como Suecia, Alemania y España, ya están implementando”.

Analía Calero, investigadora del Instituto de Ciencias Sociales de Fundación UADE, aclaró que “muchas veces no es que la mujer no quiere tener hijos, a veces hay dificultades en el medio para conciliar la vida laboral y la familiar. De alguna manera resigna, no como una decisión alegre. Sobre todo es un problema en las clases medias. Tienen menos hijos de los que querrían tener, no es algo voluntario”.

En el país

Al momento de analizar por provincias los últimos 15 años, Misiones (2,91), Formosa (2,73), Salta (2,73) y Catamarca (2,71) presentan actualmente las mayores tasas de fecundidad. Las mismas cuatro encabezaban esa lista en 2001, pero con valores superiores a los 3,1. En el otro extremo, la Ciudad de Buenos Aires (1,57 según la UADE), junto con Córdoba (1,8), Santa Fe (1,9) y provincia de Buenos Aires (1,97), presentan tasas de fecundidad debajo del nivel de reemplazo (2,1). Esto conlleva a un crecimiento de la edad media de las mujeres madres. Según datos oficiales de la Ciudad, en menos de dos décadas aumentó más de un año en ese distrito, de 28,3 años en 1994 a casi 30 años en 2012. Lo que también genera menos posibilidades biológicas de tener hijos y más consultas por tratamientos de fertilización asistida (ver recuadro).

Mientras desciende la fecundidad femenina, se extiende la esperanza de vida. La ONU prevé que para 2050 la proporción de personas de 60 años alcanzará los 2000 millones, y los mayores de 80 años podrían sumar 400 millones.

Para Calero, hay una parte positiva en el mayor envejecimiento: “se alarga la expectativa de vida al mejorar las condiciones y el acceso a la salud. Se vive mejor. Al mismo tiempo, la baja en la tasa de fecundidad tiene impacto a largo plazo en lo que es seguridad social, quenecesita ser pensada en las políticas públicas futuras“. Y acota: “La OIT destacó mucho las políticas de protección a la maternidad en la Argentina. Quedan desafíos, como modificar las licencias de maternidad y paternidad, y también las guarderías en lugares de trabajo, para conciliar la vida laboral y la familiar”.

En la Ciudad, la menor

Según el informe de la UADE, la tasa de fecundidad en la Ciudad de Buenos Aires es la menor del país con 1,57 hijos por mujer (la Dirección de Estadísticas y Censos porteña habla en realidad de una tasa de 1,85), debajo del nivel de remplazo (2,1), explicado porque “en la Ciudad se concentran mujeres con mayor nivel educativo e insertas en el mercado laboral”. Dentro de la capital también se exhiben valores heterogéneos. Recoleta, al norte, muestra el menor número de hijos por mujer en promedio (uno), asociado también a la más tardía entrada a la maternidad (31,8 años). En el otro extremo, en la Comuna 8 (Villa Lugano, Villa Riachuelo y Villa Soldati, al sur) la entrada a la maternidad es a los 27,6 años, y el promedio de hijos de 2,9. Esto habla “de las dificultades que podrían existir en los sectores de bajos recursos para acceder a una planificación familiar adecuada”. Como dato alarmante, la fecundidad adolescente es alta: según la Dirección de Estadística y Censos de la Ciudad, casi 30 de cada mil chicas de hasta 19 años son madres. Mientras que en 1990 ese número era de 22,5.

En el mundo

Desde 1950, todas las regiones del mundo bajaron su tasa de fecundidad, pero en diferentes escalas. Europa pasó de 2,66 hijos promedio por madre, a 1,45; América Latina de 5,89 a 2,37; Oceanía fue de 3,87 a 2,30; América del Norte tenía 3,46 hace 60 años y hoy llega a los dos. Asia tenía 5,87 y actualmente bajó a 2,34; y África pasó de 6,75 en 1950 a 4,67 en 2010.

Algunos países con envejecimiento y baja fecundidad son Grecia (1,29), España (1,32), Alemania (1,38)., Italia y Japón (1,43).

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Futuro incierto: ¿se jubilarán quienes trabajan hoy?

Domingo 26 de julio de 2015 | Publicado en edición impresa

Cerca de los efectos del envejecimiento poblacional, la Argentina tiene mucho que cambiar hoy para poder pagar prestaciones mañana

Por Silvia Stang  | LA NACION

A sus 35 años, Eugenio Caldararo dice que espera no necesitar en el futuro de una jubilación para poder vivir; la expectativa de este profesional es contar para entonces con ahorros suficientes conseguidos durante su vida laboral. En una mirada sobre la sociedad, cree que lo ideal será un sistema que ofrezca una cobertura básica para todos.

La idea de que al llegar a la edad del retiro laboral no los esperará, como fruto de sus aportes, un ingreso mensual apto para mantener su nivel de vida está en el pensamiento de muchos trabajadores actuales.

En un país en el que es difícil pensarse en el corto plazo, con gobernantes que siembran temor al decir que si llegan otros no se respetarían derechos sociales, existen razones de fondo que sostienen la preocupación de los trabajadores.

Mientras que hoy hay seis personas en edad activa por cada adulto de 65 años o más, en 2050 habrá tres y en 2100, sólo dos. Y esas dos personas tendrán que sostener, con parte de los recursos generados por su trabajo, a una que -buena noticia, sin dudas- vivirá muy probablemente más años que los jubilados actuales. En ese escenario, la alta informalidad, además de ser un problema en sí mismo, frena las posibles y necesarias mejoras de productividad.

La distribución por rangos de edad que muestra hoy la población ubica al país en una etapa de “ventana” o “bono demográfico”. Con una participación del 10% de las personas mayores de 65 años sobre el total de habitantes -un índice que se duplicará hacia 2050-; una tasa de fecundidad en caída -la participación de los menores de 15 años no variará de aquí a 2100-, y la expectativa de vida en alza -hoy es de 75 años y será de 85 al final del siglo-, la Argentina está en la etapa previa a la signada por los costos asociados al envejecimiento poblacional.

El “bono”, que implica una condición demográfica favorable para crecer, terminará hacia 2035. Entonces se agravarán los problemas para financiar a los pasivos. Esto plantea, según un informe del Banco Mundial, un desafío urgente.

¿No falta mucho para eso? Hay al menos dos razones por las cuales la respuesta es no. Una es que a partir de entonces comenzarán a llegar a su edad de retiro quienes están hoy en sus 30 o sus 40 y tantos (como regla general, la edad para jubilarse es ahora de 60 años para las mujeres y de 65 para los varones) o, visto de otra manera, los nacidos entre 1970 y 1980 serán los adultos mayores de 2040 a 2060; la otra razón es que, si se pretende un sistema sostenible, lo que hay que hacer hay que hacerlo ya.

Y lo que se necesita, según coinciden los expertos, es un crecimiento significativo de los niveles de ahorro e inversión, un alza de la productividad y una reducción de la informalidad.

 

De alguna forma, el desafío es trasladar a la sociedad una idea que muchos tienen en lo personal. “Hoy la demografía plantea un desafío que se resume en la pregunta ¿qué debería hacer la Argentina para hacerse rica antes de hacerse vieja?”, dice el economista José María Fanelli, profesor de la Universidad de San Andrés.

El informe del Banco Mundial titulado Los años no vienen solos proyecta que, de mantenerse el statu quo, el gasto para cubrir las prestaciones jubilatorias, de salud y de educación pasará del 20 al 26,6% del PBI entre 2010 y 2050. ¿Qué hacer? Rafael Rofman, el especialista líder en Protección Social del mencionado organismo y uno de los autores del estudio, describe las salidas posibles con advertencias sobre sus efectos: “Cobrar más impuestos ayudaría en lo fiscal, pero hay límites porque se puede afectar la economía; limitar el aumento del gasto con la suba de la edad jubilatoria o la reducción de beneficios tendría un impacto negativo sobre el bienestar de la población y eso no es deseable; lograr un crecimiento sostenido para un mayor PBI per cápita permitiría que, aunque sean menos los que producen, haya más para repartir”.

El último punto supone el desafío de mejoras en la productividad, que entre otros factores depende de la educación y la inversión. El camino implica evitar la dependencia, ocurrida en los últimos años, de lo externo o coyuntural, como la variación de precios de las commodities.

¿Qué reparte hoy el sistema previsional? En los últimos años se elevó la tasa de cobertura y así, casi el 95% de la población mayor cobra un haber, según la Administración Nacional de la Seguridad Social (Anses).

En 2014, la seguridad social insumió $ 425.980 millones, un 38% de las erogaciones del Estado nacional -que hoy tiene un fuerte déficit-, según la Asociación Argentina de Presupuesto y Administración Financiera Pública (ASAP). El índice demuestra la magnitud del desafío de prever los ingresos para los pasivos y, a la vez, sostener las otras funciones del Estado.

Además de que su financiamiento no se previó para el largo plazo, un problema del índice de cobertura previsional es que se logró, según recuerda Rofman, con moratorias para quienes no hicieron aportes o los hicieron en cantidad insuficiente. Y al ser una medida con efecto temporal (sólo sirve a personas de hasta cierta edad, dado el período por el que se pueden declarar deudas) no soluciona el problema de una sociedad en la cual, si se considera a asalariados y cuentapropistas, el 46% de los trabajadores (según datos de la OIT) o el 49% (de acuerdo con la encuesta de deuda social de la Universidad Católica Argentina) no hace aportes.

Esa enorme deficiencia -vinculada a la precariedad laboral y que demuestra que de no haber cambios, la cobertura volverá a caer- desafía la necesidad de una mayor productividad, es decir, de elevar el valor de los bienes y servicios surgidos del trabajo de cada uno para así recaudar más, ya sea por aportes y contribuciones o por impuestos generales, las dos fuentes de recursos de las que dependen las jubilaciones. “En Taiwán hubo un alza de la productividad entre generaciones de 5 veces; acá, en los próximos 30 años podría crecer entre 50 y 60%”, advierte Fanelli. Un estudio del Ieral muestra que entre 2011 y 2014, con el empleo estancado en la actividad privada, la productividad se redujo a razón de 0,9% por año.

Y mientras que la tasa de inversión en el país no llega a 20% del PBI, Fanelli señala que países que atravesaron mejor su transición demográfica llegaron a más de 30%. “Esta es una etapa en que se necesita ahorrar mucho y hoy eso no ocurre”, dice. Y advierte sobre la necesidad de que los recursos vayan a inversión. “Porque se puede ahorrar y que eso no vaya a lo productivo; a nuestro país le pasa que tiene medio PBI en el exterior, y por eso, a los desafíos pendientes hay que agregar el de garantizar la seguridad jurídica”, agrega.

PRODUCIR MÁS, TRABAJAR MÁS

Así como las edades de ingreso y egreso del mercado laboral influyen para determinar la necesidad de recursos, poder contar con más trabajadores mejoraría la ecuación. “Entre las medidas posibles para abordar el desafío de la sostenibilidad están el aumento de las tasas de actividad (porcentaje de personas que trabajan o buscan hacerlo, sobre la población total) y de empleo, especialmente entre las mujeres y los jóvenes”, dice Fabián Repetto, director del Programa de Protección Social de Cippec, quien agrega que también podría promoverse un alza de la población en edad de trabajar por flujos inmigratorios.

Actualmente, la participación de los jóvenes de entre 25 y 29 años no sólo es más baja aquí que en un grupo de países desarrollados como Estados Unidos, Alemania o España, sino que, además, la tasa cayó de 79,8 a 77,5% entre 2004 y 2014, según un informe basado en datos del Indec y de la OIT hecho por los economistas del Ieral Marcelo Capello, Gerardo García Oro y Laura Caullo.

En cuanto a la participación de las mujeres en el trabajo, la tasa, de 37,1%, es baja en relación con países como Estados Unidos (44,6%) o Brasil (44,1 por ciento).

¿Y qué pasa con los cambios en el propio sistema jubilatorio?

Una reforma “clásica”, fuente de protestas en varias latitudes, es la suba de la edad jubilatoria. Para Rofman, lo ideal es ser flexibles y lograr el efecto positivo (para las cuentas de un país) derivado de una salida más tardía de la actividad laboral, pero sin imposiciones. “Si se obliga hay efectos negativos; quien por ahí iba a retrasar un poco su retiro, ante la incertidumbre se va en cuanto puede, y el efecto puede ser inverso al buscado”, define. La recomendación es que existan incentivos para que las personas trabajen más tiempo, elevando el nivel de las prestaciones cuanto más años con aportes se logren sumar.

“Deberemos repensar la jubilación como un ingreso universal para los adultos mayores, financiado con recursos fiscales y complementado con sistemas de ahorro privado”, dice el economista Eduardo Levy Yeyati, director de la consultora Elypsis, en línea con lo que muchos trabajadores actuales creen para su futuro.

Promover el ahorro de quienes tienen cierto nivel de ingresos aliviaría el efecto fiscal. Dicho sea de paso, la solución al problema de doble índole (económica y fiscal) que trae el envejecimiento no se resuelve en la antinomia “capitalización o reparto”. “El tema es qué decide hacer la sociedad para pagar; en Chile el Estado se pudo correr de una parte, pero se hizo cargo del resto”, describe Rofman.

Fruto no de una estrategia, sino de la eliminación del sistema de capitalización, la Anses tiene un fondo de garantía cuyas inversiones valen algo más que el pago anual de las prestaciones. Pero la sostenibilidad del sistema no depende de eso, sino del flujo de ingresos y del número de pasivos con los que se está y se estará obligado. El uso de ese fondo está previsto para un déficit temporal, pero su composición hace dudar de la efectividad: “En su mayoría es deuda pública, que podría netearse de modo de reducir el coeficiente de endeudamiento -opina Levy Yeyati-. El resto de los activos podría integrarse al Tesoro, tal vez en el marco de un fondo anticíclico que aísle el gasto social de vaivenes fiscales”.

A sus 45 años, Lucas Nemesio, empresario bodeguero, admite que no piensa en su jubilación. “Creo que es como una caja de Pandora que abriremos en su momento”, dice.

Entretanto, los expertos insisten en que los datos avisan… Y a un país, la sorpresa no se le debería permitir.

EL TEMA EN PRIMERA PERSONA

Eugenio Caldararo

Profesión: contador

Edad: 35 años

“Espero tener ahorros para no necesitar la jubilación. Creo que lo ideal sería un piso que cubra lo básico y que quien trabaja bien ahorre”

Carla Bertolozzi

Profesión: empleada

Edad: 37 años

“La expectativa es estar igual o peor a lo que vive mi madre hoy. Por suerte tiene hijas que la ayudan. Espero que cambiemos para soñar algo mejor”

Fernando Silva

Profesión: Licenciado en Administración

Edad: 43 años

“Con la ley actual, la jubilacion es un impuesto mas. No se consideran los mejores años de salario sino los ultimos diez. Hay que modificar la ley”

Dolores Roccasalvo

Profesión: fotógrafa

Edad: 36 años

“Que en menos de 25 años se estructure un sistema de reparto justo y acorde con la situación, requiere un gran compromiso”

Agustín Meilan

Profesión: abogado

Edad: 38 años

“Nada hace pensar que las cosas serán distintas; con esfuerzo personal habrá que suplir la ineficiencia estatal”

Lucas Nemesio

Profesión: bodeguero

Edad: 45 años

“Ni siquiera pienso en ello. Personalmente creo que mi jubilación será fruto de la renta e inversión privada durante mis años activos”.

PENSIONES EN LATINOAMÉRICA EN PELIGRO POR UNA POBLACIÓN QUE ENVEJECE, INFORMA EL BID

LUNES 20 DE ABRIL DE 2015 06:49 PM

La tasa de fertilidad ha caído en las últimas décadas en América Latina.

La tasa de fertilidad ha caído en las últimas décadas en América Latina.
Las pensiones en América Latina y el Caribe corren el riesgo de volverse muy costosas para los países a medida que la población envejece, según un informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) publicado este lunes.
La región enfrenta una baja cobertura de los sistemas de pensiones, tanto en la cantidad de trabajadores que contribuyen a los fondos como de personas de la tercera edad que reciben algún tipo de pensión.
En respuesta, muchos países se han volcado a las pensiones sociales -transferencia directa de dinero-, según el informe, patrocinado también por el Banco Mundial y la OCDE.
“Sin embargo, estas políticas podrían plantear desafíos fiscales significativos en las próximas décadas debido a que la población envejece”, concluyeron los autores.
La tasa de fertilidad en América Latina, en caída en las últimas décadas, registró un promedio de 2,57 niños por mujer entre 2005 y 2010. Para 2025-2030 se espera que la tasa caiga hasta 2,10, y 1,91 veinte años después.
En promedio en la región solo 45 de cada 100 trabajadores cotizan o están afiliados a un plan de pensiones, “un porcentaje que no ha cambiado mucho en la última década” y que responde a factores educativos, de género y nivel de ingresos.
Los trabajadores más educados, los hombres (83% de los hombres trabajan frente a 56% de las mujeres) y quienes tienen ingresos elevados hacen contribuciones relativamente mayores.
“Sólo del 20 al 40% de los trabajadores de ingresos medios contribuyen a una pensión, lo cual les hace particularmente vulnerables a los riesgos de pobreza en la vejez”, según el estudio realizado en 26 países.
También contribuyen más a los sistemas de pensiones los asalariados y los trabajadores de empresas grandes.
Esas diferencias harán que gran parte de la población latinoamericana recurra a otras formas de ingreso para garantizar su jubilación, como un nuevo trabajo, activos inmobiliarios, el apoyo familiar y las pensiones sociales.
Las pensiones sociales se están expandiendo en América Latina, y son de gran importancia para los sistemas de pensiones de Guyana y Bolivia, seguidos de Venezuela y Brasil.
Por eso los organismos de desarrollo recomiendan a los gobiernos evaluar esa alternativa, siempre que se considere su sostenibilidad financiera, en momentos en que la región atraviesa una desaceleración económica y un presupuesto fiscal constreñido.
Pero también llaman a los países a diseñar políticas que incrementen la participación en el mercado laboral formal, especialmente de las mujeres, para que puedan construir por su cuenta y a su medida sus pensiones.

El 45 % de los habitantes de las villas porteñas nacieron en la Capital

http://www.lanacion.com.ar/1736970-el-45-de-los-habitantes-de-las-villas-portenas-nacieron-en-la-capital

Lunes 20 de octubre de 2014 | Publicado en edición impresa

El 45 % de los habitantes de las villas porteñas nacieron en la Capital

Según un estudio oficial, la edad promedio de la población es de apenas 24 años, mientras que en toda la ciudad es de 40 años; además, el 37% de los hogares sufren hacinamiento y sólo cuatro de cada diez mujeres trabajan

Por Ángeles Castro  | LA NACION

El 45 % de los habitantes de las villas porteñas nació en la Capital; casi el 80% de ese grupo tiene menos de 20 años, por lo que probablemente varias generaciones hayan nacido y crecido en los asentamientos. Otro 33,7% es oriundo de países limítrofes y un 4,6%, de Perú. Suman 16,7% los que provienen de otros distritos de la Argentina.
Los datos surgen de un informe técnico realizado por lademógrafa VictoriaMazzeo para la Dirección General de Estadística y Censos de la ciudad, y muestra cómo otros indicadores sociales también se resienten en villas y asentamientos respecto del resto de la Capital.La población en villas es joven: la edad promedio se sitúa en 24 años; para toda la ciudad, la media alcanza los 40 años. En tanto, las mujeres que viven en asentamientos tienen un promedio de 4,3 hijos, mientras que nacen dos hijos por mujer en promedio en toda la Capital.

Por otra parte, el tamaño de las familias resulta mucho mayor que la media: 6 miembros, contra 2,5. El rasgo lleva como correlato altos porcentajes de hacinamiento (más de dos personas cohabitan por cuarto), que se registra en el 37% de los hogares.

“La mitad es una población autóctona que ya lleva tres generaciones, y que perfila hasta un «modo villero» de vivir la ciudad. En el grupo, arraigan moralidades sustentadas en identidades colectivas por medio de religiosidades, estéticas musicales, fidelidades deportivas dotadas de códigos, lenguajes, normas y valores propios”, reflexionó el historiador Jorge Ossona, investigador de la Universidad de Buenos.

Coincidió con él Mazzeo, que es profesora de la cátedra de Demografía Social de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA: “Hay varias generaciones que probablemente hayan nacido y crecido en las villas: el 36% de los habitantes es menor de 20 años y porteño”.

Según Ossona, “un elemento distintivo de la pobreza es la juvenilidad procedente de sus hogares numerosos en hijos. Las razones no necesariamente residan en la ignorancia de métodos anticonceptivos. Si una familia es fuerte, debe ser numerosa para honrar su prestigio. Constituye una suerte de “riqueza” no material, sino más bien humana y afectiva.

“Además -explicó- las mujeres primerizas suelen aceptar los embarazos de buena gana porque son una fuente de respetabilidad en ámbitos muy patriarcales y, por lo tanto, proclives a despreciar a la mujer como sujeto débil al que, no obstante, los jefes deben proteger porque allí estriba su honor.”

El informe de Mazzeo destaca la deserción temprana de los adolescentes del sistema educativo. Mientras la asistencia escolar de los chicos de entre 5 y 14 años varía entre el 94 y el 97%, en el segmento de entre 15 y 17 años ya cae al 79 por ciento. “Esto redundará en la mayor vulnerabilidad de estos jóvenes en su posicionamiento en el mercado de trabajo”, señaló la especialista.

En efecto, la precariedad laboral es más acentuada entre los habitantes de asentamientos, y el sexo femenino es particularmente afectado por este fenómeno. Sólo el 37,1% de las mujeres está ocupado; el 55,8% permanece inactivo (no tiene empleo ni lo busca) y el 7,1%, desocupado (busca trabajo, pero no consigue).

Entre los hombres, el 48,8% trabaja, mientras que otro 5,9% busca empleo pero no lo encuentra; 45,3% está inactivo.

El informe, preparado para la Dirección General de Estadística y Censos porteña, señala que 92% de los varones que trabajan lo hacen como mano de obra operativa y no calificada, con gran presencia en los rubros de la industria y la construcción.

Entre las mujeres, la proporción se eleva al 94 por ciento. De las trabajadoras, el 28% integra el servicio doméstico y un 15% realiza tareas de limpieza no doméstica.

El tipo de inserción laboral, sumado al tamaño de los hogares, se refleja en el ingreso per cápita familiar, uno de los indicadores de bienestar. El 78% de las familias en villas integran el quintil más pobre; disponían de menos de 235 dólares mensuales por miembro al cambio oficial en el momento del relevamiento.

“La exclusión vincula la situación laboral y de ingreso con determinadas condiciones de vida y del hábitat”, sintetizó María Carla Rodríguez, investigadora en Estudios Urbanos del Instituto Gino Germani de la UBA.

Otro dato que llama la atención es el peso relativo de la población en villas sobre el total de la Capital, que pasó del 3,9% en 2001 al 6,4% en la actualidad.

“Entre 2001 y 2010 se dieron algunas mejoras en el mercado laboral, en los salarios reales y en la ayuda social, por lo que el aumento del porcentaje de hogares en villas no respondería a una situación de empobrecimiento social generalizado”, consideró Leonardo Gasparini, director del Centro de Estudios Distributivos Laborales y Sociales de la Universidad de La Plata. Y agregó: “Dos posibles razones podrían ser: la dificultad para traducir las mejoras de empleo e ingresos en progreso habitacional, y las dificultades en el manejo del espacio urbano, en el que coexisten un espacio de viviendas formales regulado que casi no crece y un espacio informal no regulado que crece a tasas altas”.

UN FUERTE SENTIDO DE PERTENENCIA

  • Un estudio realizado por las ONG Techo y Unicef entre chicos de 12 a 16 años de asentamientos de la Capital y el conurbano demostró que el 90% de ellos considera que la situación de su familia es buena o muy buena. Cerca del 78% dijo que le gusta “mucho” o “bastante” vivir donde vive, aunque el 82,7% desea mudarse a otro barrio en el futuro.
  • “Es el sentido de pertenencia. Uno de cada dos chicos nació en la villa donde reside; el amor por el barrio se profundiza habitualmente en los sectores populares”, opinó Ignacio Gregorini, director del Centro de Investigación Social de Techo.

Con la colaboración de Agustina Mac Mullen.

Alarma CEPAL – Tasa de Fertilidad en América Latina

Los países con menos de  2,1 nacimientos por mujer, en primer lugar van a un envejecimiento poblacional serio;  con todos los costos que eso implica y luego a una disminución real de la población.

No parece que se haga nada para fomentar la natalidad en ningún país latinoamericano; antes al contrario: vamos camino a la extinción o a la absorción por pueblos de Africa.

http://www.cepal.org/publicaciones/xml/6/51946/AnuarioEstadistico2013.pdf

Fertility rate editado Cepal

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