Cae la tasa de fecundidad de la Argentina: ya es similar a la de Europa

Jueves 29 de Octubre | 04:59

Un estudio revela que los nacimientos en el país están casi por debajo de lo necesario para que la población se mantenga estable.

Cae la tasa de fecundidad de la Argentina: ya es similar a la de Europa

Cae la tasa de fecundidad de la Argentina: ya es similar a la de Europa

En materia poblacional, la Argentina profundizó en estos años su tendencia a “europeizarse”: cada vez menos hijos y a edades más tardías. Esto generó que, junto a Chile, Uruguay, Brasil y Cuba, sea de los países de América Latina con menores tasas de fecundidad, y ya está casi debajo de la tasa de remplazo (2,1 hijos por mujer) necesaria “para que la pirámide de población se mantenga estable”. Así lo define el informe sobre natalidad elaborado por el Instituto de Ciencias Sociales de la Fundación UADE (Universidad Argentina de la Empresa), consignó Tiempo Argentino.

Bajo la pregunta “¿Hay menos niños en la Argentina?”, los investigadores de la UADE analizaron el número de hijos por mujer a nivel mundial en los últimos 60 años. Según publicaron, se redujo a escala planetaria de 5,02 a 2,55 en promedio “lo que da cuenta de una importante tendencia a la baja de la fecundidad femenina, que se ha venido agudizado en los últimos años, y se manifiesta en envejecimiento poblacional”. Si bien hay diferencias entre regiones, la Argentina no es ajena a esa dinámica.

Para que la pirámide de población se mantenga estable, el número de hijos por mujer debiera ser 2,1, la tasa de fecundidad que asegura el nivel de remplazo. El informe sostiene que las regiones más desarrolladas del mundo se encuentran por debajo del nivel de reemplazo (1,6). En tanto que las regiones en desarrollo, “si bien redujeron fuertemente su tasa de fecundidad de 6,15 a 2,75 entre 1950 y 2010, acorde a las tendencias mundiales”, aún se encuentran por encima del nivel de remplazo.

América del Norte (2,0) y Europa (1,45) se encuentran debajo del nivel de remplazo desde los ‘70. En el otro extremo, África (4,67) tiene la mayor tasa de fecundidad. En ese contexto, América Latina llega a 2,37 hijos por madre.

La Argentina tenía 2,18 en 2013, tal como afirma la UADE: “con tasas de fecundidad en baja, se acerca cada vez a tener una población envejecida, siendo que para 2015 ya está por debajo con 2,11 hijos por mujer en promedio, según datos del INDEC (en 2011 era de 2,45)”. Estos valores son casi similares a Francia. Se ubica por debajo de los 3,03 de Israel, los 5,86 de Angola; y por arriba del 1,92 de Gran Bretaña, el 1,79 de Bélgica; 1,61 de Canadá. En la región, Guatemala (3,78), Bolivia (3,22), Haití (3,15) y Honduras (3) encabezan la tasa de fecundidad. Brasil (1,8), Costa Rica (1,8) y Cuba (1,45) se ubican en el otro extremo.

“Según estimaciones de la CEPAL, para el 2050 la fecundidad en América Latina sería de 1,85, por debajo del nivel de remplazo”, agrega el texto, que atribuye la baja fecundidad femenina a una mayor difusión de métodos anticonceptivos y de planificación familiar, “el aumento de la educación y de la participación de la mujer el mercado de trabajo y la dificultad de conciliar familia y empleo”.

En nuestro país –indicaron- existen indicios de brechas entre la fecundidad deseada y efectiva, “donde las mujeres más educadas tienen menos hijos de los que preferirían, por restricciones del entorno (dificultad para conciliar familia y trabajo), en tanto las menos educadas tienen más hijos que los deseados por falta de planificación familiar adecuada”. Y pidieron que esta doble insatisfacción sea atentida para la elaboración de políticas públicas en torno a la planificación familiar “que países como Suecia, Alemania y España, ya están implementando”.

Analía Calero, investigadora del Instituto de Ciencias Sociales de Fundación UADE, aclaró que “muchas veces no es que la mujer no quiere tener hijos, a veces hay dificultades en el medio para conciliar la vida laboral y la familiar. De alguna manera resigna, no como una decisión alegre. Sobre todo es un problema en las clases medias. Tienen menos hijos de los que querrían tener, no es algo voluntario”.

En el país

Al momento de analizar por provincias los últimos 15 años, Misiones (2,91), Formosa (2,73), Salta (2,73) y Catamarca (2,71) presentan actualmente las mayores tasas de fecundidad. Las mismas cuatro encabezaban esa lista en 2001, pero con valores superiores a los 3,1. En el otro extremo, la Ciudad de Buenos Aires (1,57 según la UADE), junto con Córdoba (1,8), Santa Fe (1,9) y provincia de Buenos Aires (1,97), presentan tasas de fecundidad debajo del nivel de reemplazo (2,1). Esto conlleva a un crecimiento de la edad media de las mujeres madres. Según datos oficiales de la Ciudad, en menos de dos décadas aumentó más de un año en ese distrito, de 28,3 años en 1994 a casi 30 años en 2012. Lo que también genera menos posibilidades biológicas de tener hijos y más consultas por tratamientos de fertilización asistida (ver recuadro).

Mientras desciende la fecundidad femenina, se extiende la esperanza de vida. La ONU prevé que para 2050 la proporción de personas de 60 años alcanzará los 2000 millones, y los mayores de 80 años podrían sumar 400 millones.

Para Calero, hay una parte positiva en el mayor envejecimiento: “se alarga la expectativa de vida al mejorar las condiciones y el acceso a la salud. Se vive mejor. Al mismo tiempo, la baja en la tasa de fecundidad tiene impacto a largo plazo en lo que es seguridad social, quenecesita ser pensada en las políticas públicas futuras“. Y acota: “La OIT destacó mucho las políticas de protección a la maternidad en la Argentina. Quedan desafíos, como modificar las licencias de maternidad y paternidad, y también las guarderías en lugares de trabajo, para conciliar la vida laboral y la familiar”.

En la Ciudad, la menor

Según el informe de la UADE, la tasa de fecundidad en la Ciudad de Buenos Aires es la menor del país con 1,57 hijos por mujer (la Dirección de Estadísticas y Censos porteña habla en realidad de una tasa de 1,85), debajo del nivel de remplazo (2,1), explicado porque “en la Ciudad se concentran mujeres con mayor nivel educativo e insertas en el mercado laboral”. Dentro de la capital también se exhiben valores heterogéneos. Recoleta, al norte, muestra el menor número de hijos por mujer en promedio (uno), asociado también a la más tardía entrada a la maternidad (31,8 años). En el otro extremo, en la Comuna 8 (Villa Lugano, Villa Riachuelo y Villa Soldati, al sur) la entrada a la maternidad es a los 27,6 años, y el promedio de hijos de 2,9. Esto habla “de las dificultades que podrían existir en los sectores de bajos recursos para acceder a una planificación familiar adecuada”. Como dato alarmante, la fecundidad adolescente es alta: según la Dirección de Estadística y Censos de la Ciudad, casi 30 de cada mil chicas de hasta 19 años son madres. Mientras que en 1990 ese número era de 22,5.

En el mundo

Desde 1950, todas las regiones del mundo bajaron su tasa de fecundidad, pero en diferentes escalas. Europa pasó de 2,66 hijos promedio por madre, a 1,45; América Latina de 5,89 a 2,37; Oceanía fue de 3,87 a 2,30; América del Norte tenía 3,46 hace 60 años y hoy llega a los dos. Asia tenía 5,87 y actualmente bajó a 2,34; y África pasó de 6,75 en 1950 a 4,67 en 2010.

Algunos países con envejecimiento y baja fecundidad son Grecia (1,29), España (1,32), Alemania (1,38)., Italia y Japón (1,43).

PENSIONES EN LATINOAMÉRICA EN PELIGRO POR UNA POBLACIÓN QUE ENVEJECE, INFORMA EL BID

LUNES 20 DE ABRIL DE 2015 06:49 PM

La tasa de fertilidad ha caído en las últimas décadas en América Latina.

La tasa de fertilidad ha caído en las últimas décadas en América Latina.
Las pensiones en América Latina y el Caribe corren el riesgo de volverse muy costosas para los países a medida que la población envejece, según un informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) publicado este lunes.
La región enfrenta una baja cobertura de los sistemas de pensiones, tanto en la cantidad de trabajadores que contribuyen a los fondos como de personas de la tercera edad que reciben algún tipo de pensión.
En respuesta, muchos países se han volcado a las pensiones sociales -transferencia directa de dinero-, según el informe, patrocinado también por el Banco Mundial y la OCDE.
“Sin embargo, estas políticas podrían plantear desafíos fiscales significativos en las próximas décadas debido a que la población envejece”, concluyeron los autores.
La tasa de fertilidad en América Latina, en caída en las últimas décadas, registró un promedio de 2,57 niños por mujer entre 2005 y 2010. Para 2025-2030 se espera que la tasa caiga hasta 2,10, y 1,91 veinte años después.
En promedio en la región solo 45 de cada 100 trabajadores cotizan o están afiliados a un plan de pensiones, “un porcentaje que no ha cambiado mucho en la última década” y que responde a factores educativos, de género y nivel de ingresos.
Los trabajadores más educados, los hombres (83% de los hombres trabajan frente a 56% de las mujeres) y quienes tienen ingresos elevados hacen contribuciones relativamente mayores.
“Sólo del 20 al 40% de los trabajadores de ingresos medios contribuyen a una pensión, lo cual les hace particularmente vulnerables a los riesgos de pobreza en la vejez”, según el estudio realizado en 26 países.
También contribuyen más a los sistemas de pensiones los asalariados y los trabajadores de empresas grandes.
Esas diferencias harán que gran parte de la población latinoamericana recurra a otras formas de ingreso para garantizar su jubilación, como un nuevo trabajo, activos inmobiliarios, el apoyo familiar y las pensiones sociales.
Las pensiones sociales se están expandiendo en América Latina, y son de gran importancia para los sistemas de pensiones de Guyana y Bolivia, seguidos de Venezuela y Brasil.
Por eso los organismos de desarrollo recomiendan a los gobiernos evaluar esa alternativa, siempre que se considere su sostenibilidad financiera, en momentos en que la región atraviesa una desaceleración económica y un presupuesto fiscal constreñido.
Pero también llaman a los países a diseñar políticas que incrementen la participación en el mercado laboral formal, especialmente de las mujeres, para que puedan construir por su cuenta y a su medida sus pensiones.

Cuando la Argentina dijo no al imperialismo demográfico

2014-08-28

http://www.politicaplus.com/?q=read&id=5031

PoliticalPlus

Por Pablo Yurman
Cuando la argentina dijo no al imperialismo demográfico

Se cumplen 40 años de la celebración de la Conferencia Mundial de Población, auspiciada por la ONU y realizada, del 19 al 30 de agosto de 1974, en Bucarest, Rumania, con la asistencia de delegados de 149 países. En plena Guerra Fría, con el telón de fondo del enfrentamiento ideológico protagonizado, por un lado, por EEUU y sus aliados al frente del bloque liberal-capitalista, y, por el otro, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas a la cabeza de estados bajo sistemas marxistas-colectivistas, los “enemigos” se unieron para dejar en evidencia, inesperadamente, un nuevo (¿acaso el de siempre?) antagonismo: el Norte (rico y desarrollado) contra el Sur (pobre y subdesarrollado). La grey seguidora de Karl Marx y de Adam Smith dejaba a un lado sus diferencias para hacer frente común a un desafío emergente.

Como nos aclara la investigadora Susana Novick, la conferencia “convocada por el Consejo Económico y Social de Naciones Unidas, consideró las políticas y programas de acción necesarios, en materia de población, para promover el bienestar y el desarrollo de la humanidad; como así también los problemas demográficos fundamentales y su relación con el desarrollo económico y social. La importancia de ella residió en que fue la primera reunión sobre población que excedía los estrechos límites de la ciencia demográfica y se proponía acciones y políticas concretas a nivel mundial.”

El punto es que, con independencia de las buenas intenciones que surgirían de lo señalado, la Secretaría General de la Conferencia elaboró un Proyecto de Plan de Acción Mundial sobre Población, en base a documentos elaborados en las reuniones preparatorias que precedieron la Conferencia, instrumento que empezó a circular entre las delegaciones de los distintos países. El contenido del proyecto dejó en evidencia la ideología que inspiraba a los delegados de los países del Norte industrializado, sin importar que fueran capitalistas o marxistas, ya que en esto hubo sugestivas coincidentes (con excepciones como la de Cuba que votaría las propuestas de nuestro país) y sería severamente cuestionado por un grupo de países que, liderados por la posición argentina en la Conferencia, formularon numerosas enmiendas al proyecto lo que resultó, en los hechos, en la elaboración de un nuevo documento sobre otros ejes ideológicos completamente distintos a los de la Casa Blanca y el Kremlin.

Los países dominantes del Hemisferio Norte partieron de una premisa ideológica falsa originada en el maltusianismo, movimiento inspirado en las ideas del pastor anglicano Robert Malthus durante el siglo XIX según el cual “en el mundo no hay lugar suficiente para todos” y por tal motivo, como nos recuerda Novick, “la tendencia de todos los documentos fue mostrar como alarmante el crecimiento de la población y pregonar el control de la natalidad como solución ante los problemas de escasez de alimentos y bajo nivel de desarrollo de ciertos países. Sin embargo, los países del mundo considerados más pobres unieron sus esfuerzos en pos de conseguir que no se tratara de implementar una única solución ante un problema que, más que demográfico, era económico y social.”

POBRES, POBREZA, PREJUICIOS

Vale decir que de acuerdo a los documentos preparatorios que circularon entre las delegaciones, según la mirada del Norte ya industrializado, la ayuda al Sur subdesarrollado no pasaba, por dar sólo algunos ejemplos, por créditos blandos para infraestructura básica, desarrollos agrícolas, radicación de industrias, ayudas concretas en salud y educación, etc. No, la ayuda a los pobres pasaba, sola y exclusivamente, por repartir anticonceptivos y evitar el crecimiento poblacional. Es por esta razón que a partir de ese momento se comenzó a hablar de “imperialismo contraceptivo” o demográfico a esta curiosa, y por cierto racista, forma de entender la “ayuda” a los pobres. En otros términos, ante el dilema de una mesa con porciones de alimento limitadas, algunos de antemano tenían como único plan posible, la eliminación de comensales. Otros, en cambio, apostaban a tratar de ampliar la mesa sin eliminar comensales.

Fue entonces que los miembros de la comisión argentina, presidida por el Ministro del Interior, Benito Llambí, empezaron febriles negociaciones que incluyeron contactos con todos los países latinoamericanos y buena parte de los que entonces se agrupaban bajo los países No Alineados. La Argentina propuso, para sorpresa de los delegados norteamericanos más de sesenta enmiendas al borrador, que prácticamente lo convertían en otro documento distinto del pergeñado en la oficina oval de la Casa Blanca.

Los ejes de la contrapropuesta pasaban por los siguientes puntos: que la definición de políticas demográficas son parte de la soberanía propia de cada nación; que la superpoblación, como problema, es ajeno no sólo a nuestro país sino a todo el continente americano siendo, en cambio, un problema la mala distribución de la escasa población; que los procesos migratorios, convenientemente regulados, son fuente de riqueza y crecimiento para las sociedades y no al revés; finalmente, y quizás el punto más conflictivo en donde quedaba demostrado el choque de miradas antropológicas y filosóficas antagónicas, que las medidas que propone el Plan para superar las dificultades del alto crecimiento de población para los países en vías de desarrollo son todas de carácter limitativo de su población (anticonceptivos y de legalización del aborto), pero en cambio no se mencionan otras medidas de tipo económico, comercial y financiero que estas naciones han reclamado reiteradamente.

Como bien apunta la citada investigadora “Estados Unidos, el gran perdedor de esta Conferencia, se decidió por el control de los nacimientos y la planificación familiar; posiblemente confiaba en que el Plan no se modificaría, pero sucedió lo contrario. A pesar de la preparación y de los medios disponibles de su delegación, su falta de habilidad política fue clara y quedó muchas veces en posición desairada.”3

Quizás pronto llegaría la venganza para el jefe de la política exterior norteamericana, Henry Kissinger, quien dejaría sentado por escrito, en un documento del Departamento de Estado que sería desclasificado años más tarde, que los objetivos estratégicos puestos sobre la mesa en Bucarest no sufrirían modificación alguna en cuanto a que había que detener el crecimiento de la población de los países pobres y preservar, así, las reservas naturales para un club privilegiado de países. Sólo sería cuestión de cambiar la estrategia, sobre todo la comunicacional.

One-Child Policy Drives Chinese Father of Four to Suicide

One-Child Policy Drives Chinese Father of Four to Suicide.

One-Child Policy Drives Chinese Father of Four to Suicide

Wang sacrifices his life to embarrass officials into letting his “illegal” children attend school

China’s draconian one-child policy has claimed many victims—hundreds of millions of unborn children have lost their lives, tens of thousands of women have died from botched abortions and sterilizations, and tens of thousands more have committed suicide to end the pain of late-term, forced abortions—but Wang Guangrong’s story is particularly tragic.

Chinese father driven to suicide over "family planning" fees Wang GuangrongWang, a 37-year old Chinese father of four, had long been persecuted by local government officials for daring to flout China’s restrictions against multiple children. He had been subjected to heavy fines, had his livestock confiscated, and his children declared to be non-persons.

Things came to a head when Wang sought to have his children, three daughters and one son, enrolled in the local school. Public education in China is free, at least up to junior high school, but local officials insisted that Wang pay another round of heavy fines before agreeing to admit his children. After the previous rounds of fines and punishments, Wang and his wife were destitute.

They had nothing left to give the government—except Wang’s life. Public suicides in protest of official wrongdoing have a long history in China. So Wang decided to end his life in the hope that this would shame local government officials into allowing his children to attend school. That way, they would have the chance at a better life that an education would provide them with.

A British newspaper, the Daily Express interviewed Wang’s wife, Wu Jinmin, who explained that her husband grew desperate after his children were denied schooling. “He couldn’t take it anymore,” said Wu. “‘What did we bring them into the world for, to be as dumb as cattle?’ he said to me. ‘I cannot see my children grow up uneducated.’ And then he cut his wrists.”

Wang’s sacrifice was not in vain. When the domestic and international press picked up on the story, local government officials were quick to engage in damage control. They promised to compensate his widow for the loss of her husband and even pledged to build a new house for her and the children.

We are glad that Wang’s widow and children will not be left to starve in the shadowy world that China’s illegal children occupy. But millions of other children of the shadows—“black” children, as they are called in China—have not been nearly as lucky. They have not just been abandoned by the Chinese state, they have been positively ostracized by a government which refuses to feed, house, clothe, or educate these lost children in any way.

One sees them begging on the streets, or working in sweatshops, or hawking cheap trinkets to passers-by, all in a desperate effort to survive. Their only crime is that they were born without official permission in a state where birth permits are mandatory.

None of this is any secret, of course. The Chinese people are constantly barraged with anti-natal propaganda, and are well aware of the extensive system of punishments that awaits those like Wang who violate the misnamed “family planning policy.” Everyone in China understands that having multiple children makes you—and your “black” children—enemies of the state.

We would not have predicted that the one-child policy would have endured this long, given its devastating effects on Chinese society. Suicides, forced abortions, sex-selection abortion—all are rampant in China. China’s bachelor population already numbers in the tens of millions, while its population of elderly is also in the tens of millions.

What kind of a government considers it a crime to bear too many children, and punishes those who do? What kind of a country leaves loving fathers like Wang Guangrong with no way to help his own children but to take his own life?

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