Fortalecer la escuela secundaria

Lunes 03 de noviembre de 2014 | Publicado en edición impresa

Por Alieto Guadagni  | Para LA NACION

Uno de los mejores indicadores de la desigualdad social de un país es la situación del sistema educativo, ya que la clave de la igualdad de oportunidades es la ausencia de diferencias significativas en la trayectoria escolar de los estudiantes, según el nivel socioeconómico de sus familias. El aumento de los jóvenes “ni-ni” (jóvenes que ni estudian ni trabajan) es un hecho preocupante, ya que contribuye a la reproducción intergeneracional de la pobreza. Un sistema escolar poco inclusivo y además con problemas de calidad educativa no sólo frustra los proyectos de vida, sino que además los excluye del mercado laboral formal y así contribuye a la expansión del delito y de la droga.

Existe una desigualdad originada por la creciente segmentación del mercado laboral, en el cual se amplía la brecha de remuneraciones entre personal calificado y no calificado. Por eso la graduación en la escuela secundaria es hoy el requisito mínimo para acceder a buenos empleos. No olvidemos que la falta de empleo castiga siempre más a quienes tienen menos educación. Desigualdad y pobreza impulsan que sean muchos los que están marginados de los procesos educativos aptos para abrirles el nuevo mundo tecnológico, que es la característica de esta época. Esos muchos son los más pobres. Los pobres tienen menos capital intelectual acumulado, por eso generan menos ingresos y no están en condiciones de financiar una mayor escolarización de sus hijos; así se perpetúa la pobreza familiar.

El aumento de los jóvenes ‘ni-ni’ es un hecho preocupante, ya que contribuye a la reproducción intergeneracional de la pobreza

En 2006 se dictó la ley 26.206, que establece la obligatoriedad escolar entre los cinco y seis años y el fin del secundario. Esta nueva ley fue un importante avance, ya que la extensión de la escuela secundaria es un paso positivo hacia el fortalecimiento del proceso educativo y la promoción de la igualdad de oportunidades. Sin embargo, nuestra escuela secundaria enfrenta tres carencias: escasa graduación, gran desigualdad y bajo nivel de conocimientos en los alumnos.

Según el Ministerio de Educación, en 2012 la graduación en las escuelas secundarias alcanzó a 285.699 adolescentes, algo más de los 280.876 egresados en 2003. Este incremento de 1,7% es positivo, pero aún insuficiente, ya que según el Censo de 2010 nuestra graduación a la edad correspondiente no llega ni a la mitad de la población. Por esta razón no nos debería sorprender lo que informa la Unesco sobre la evolución de la graduación secundaria en todo el mundo, que destaca que el porcentaje de la población que se gradúa en la escuela secundaria a la edad esperada llega a niveles altos en muchos países. En América latina el nivel de graduación secundaria a la edad esperada es liderado por Perú (donde la graduación llega al 70%), le siguen Chile (68%), Cuba (63%), Colombia (61%), Bolivia (56%), Costa Rica (51%), Paraguay (48%), Ecuador (47%), El Salvador (46%) y México (44%). Que nuestro país ocupe el lugar 11 entre las naciones latinoamericanas, con el 43%, debe preocuparnos. Estamos por debajo de países que tienen un PBI inferior al nuestro, lo que prueba que no se trata de un problema financiero ni de falta de recursos, sino de decisión política.

Sigue vigente una gran desigualdad educativa, ya que, según el Ministerio de Educación, menos del 12% de los niños de sexto grado de las escuelas privadas de Santa Fe, Córdoba y la ciudad de Buenos Aires tienen conocimientos bajos en matemática. Pero este indicador negativo trepa, por ejemplo, al 51% en las escuelas estatales del conurbano y Formosa. La deserción de la escuela secundaria también está vinculada con el nivel socioeconómico de las familias, basta tomar nota que de cada 100 alumnos que ingresaron en 2001 a primer grado en escuelas privadas, 64 concluyeron la secundaria en 2012, mientras que en las escuelas estatales apenas se graduaron 25. Esta gran desigualdad es aún mayor en provincias como Misiones, donde apenas se graduaron 15 de cada 100 ingresantes a primer grado estatal, mientras que en las secundarias privadas se graduaban 62 de cada 100 ingresantes en primer grado.

Debemos avanzar hacia una mayor escolarización con igualdad de oportunidades

Nuestros estudiantes tienen un muy bajo nivel de conocimientos cuando se los compara con el resto de las naciones. Según la prueba PISA 2012, el promedio mundial de los adolescentes con nivel bajo en matemática era de apenas 23,1%, mientras que en nuestro país nada menos que dos de cada tres adolescentes se ubican en este nivel.

Debemos avanzar hacia una mayor escolarización con igualdad de oportunidades. Desde ya que la tarea que tenemos por delante no es nada sencilla, pero por lo menos comencemos por abrir los ojos y reconocer algo tan elemental como que los niños pobres son muy castigados con un escaso calendario escolar. Nuestro calendario “real”, debido a la incumplida jornada extendida y los incumplidos 180 días, es de los más cortos del mundo. Es evidente que aumentar el calendario escolar no asegura automáticamente una mayor igualdad de oportunidades, pero cerrar con frecuencia las escuelas públicas seguramente acrecienta la desigualdad.

Cuando una escuela pública no abre sus puertas, todos nos alejamos de la justicia social. En el siglo XIX se universalizó la escuela primaria con la ley 1420; ahora, cumpliendo el mandato de la ley 26.206, es imperioso universalizar la escuela secundaria. Esto no será fácil, por eso será indispensable un gran acuerdo político que defina medidas efectivas que apunten a lograr esta meta..