Futuro incierto: ¿se jubilarán quienes trabajan hoy?

Domingo 26 de julio de 2015 | Publicado en edición impresa

Cerca de los efectos del envejecimiento poblacional, la Argentina tiene mucho que cambiar hoy para poder pagar prestaciones mañana

Por Silvia Stang  | LA NACION

A sus 35 años, Eugenio Caldararo dice que espera no necesitar en el futuro de una jubilación para poder vivir; la expectativa de este profesional es contar para entonces con ahorros suficientes conseguidos durante su vida laboral. En una mirada sobre la sociedad, cree que lo ideal será un sistema que ofrezca una cobertura básica para todos.

La idea de que al llegar a la edad del retiro laboral no los esperará, como fruto de sus aportes, un ingreso mensual apto para mantener su nivel de vida está en el pensamiento de muchos trabajadores actuales.

En un país en el que es difícil pensarse en el corto plazo, con gobernantes que siembran temor al decir que si llegan otros no se respetarían derechos sociales, existen razones de fondo que sostienen la preocupación de los trabajadores.

Mientras que hoy hay seis personas en edad activa por cada adulto de 65 años o más, en 2050 habrá tres y en 2100, sólo dos. Y esas dos personas tendrán que sostener, con parte de los recursos generados por su trabajo, a una que -buena noticia, sin dudas- vivirá muy probablemente más años que los jubilados actuales. En ese escenario, la alta informalidad, además de ser un problema en sí mismo, frena las posibles y necesarias mejoras de productividad.

La distribución por rangos de edad que muestra hoy la población ubica al país en una etapa de “ventana” o “bono demográfico”. Con una participación del 10% de las personas mayores de 65 años sobre el total de habitantes -un índice que se duplicará hacia 2050-; una tasa de fecundidad en caída -la participación de los menores de 15 años no variará de aquí a 2100-, y la expectativa de vida en alza -hoy es de 75 años y será de 85 al final del siglo-, la Argentina está en la etapa previa a la signada por los costos asociados al envejecimiento poblacional.

El “bono”, que implica una condición demográfica favorable para crecer, terminará hacia 2035. Entonces se agravarán los problemas para financiar a los pasivos. Esto plantea, según un informe del Banco Mundial, un desafío urgente.

¿No falta mucho para eso? Hay al menos dos razones por las cuales la respuesta es no. Una es que a partir de entonces comenzarán a llegar a su edad de retiro quienes están hoy en sus 30 o sus 40 y tantos (como regla general, la edad para jubilarse es ahora de 60 años para las mujeres y de 65 para los varones) o, visto de otra manera, los nacidos entre 1970 y 1980 serán los adultos mayores de 2040 a 2060; la otra razón es que, si se pretende un sistema sostenible, lo que hay que hacer hay que hacerlo ya.

Y lo que se necesita, según coinciden los expertos, es un crecimiento significativo de los niveles de ahorro e inversión, un alza de la productividad y una reducción de la informalidad.

 

De alguna forma, el desafío es trasladar a la sociedad una idea que muchos tienen en lo personal. “Hoy la demografía plantea un desafío que se resume en la pregunta ¿qué debería hacer la Argentina para hacerse rica antes de hacerse vieja?”, dice el economista José María Fanelli, profesor de la Universidad de San Andrés.

El informe del Banco Mundial titulado Los años no vienen solos proyecta que, de mantenerse el statu quo, el gasto para cubrir las prestaciones jubilatorias, de salud y de educación pasará del 20 al 26,6% del PBI entre 2010 y 2050. ¿Qué hacer? Rafael Rofman, el especialista líder en Protección Social del mencionado organismo y uno de los autores del estudio, describe las salidas posibles con advertencias sobre sus efectos: “Cobrar más impuestos ayudaría en lo fiscal, pero hay límites porque se puede afectar la economía; limitar el aumento del gasto con la suba de la edad jubilatoria o la reducción de beneficios tendría un impacto negativo sobre el bienestar de la población y eso no es deseable; lograr un crecimiento sostenido para un mayor PBI per cápita permitiría que, aunque sean menos los que producen, haya más para repartir”.

El último punto supone el desafío de mejoras en la productividad, que entre otros factores depende de la educación y la inversión. El camino implica evitar la dependencia, ocurrida en los últimos años, de lo externo o coyuntural, como la variación de precios de las commodities.

¿Qué reparte hoy el sistema previsional? En los últimos años se elevó la tasa de cobertura y así, casi el 95% de la población mayor cobra un haber, según la Administración Nacional de la Seguridad Social (Anses).

En 2014, la seguridad social insumió $ 425.980 millones, un 38% de las erogaciones del Estado nacional -que hoy tiene un fuerte déficit-, según la Asociación Argentina de Presupuesto y Administración Financiera Pública (ASAP). El índice demuestra la magnitud del desafío de prever los ingresos para los pasivos y, a la vez, sostener las otras funciones del Estado.

Además de que su financiamiento no se previó para el largo plazo, un problema del índice de cobertura previsional es que se logró, según recuerda Rofman, con moratorias para quienes no hicieron aportes o los hicieron en cantidad insuficiente. Y al ser una medida con efecto temporal (sólo sirve a personas de hasta cierta edad, dado el período por el que se pueden declarar deudas) no soluciona el problema de una sociedad en la cual, si se considera a asalariados y cuentapropistas, el 46% de los trabajadores (según datos de la OIT) o el 49% (de acuerdo con la encuesta de deuda social de la Universidad Católica Argentina) no hace aportes.

Esa enorme deficiencia -vinculada a la precariedad laboral y que demuestra que de no haber cambios, la cobertura volverá a caer- desafía la necesidad de una mayor productividad, es decir, de elevar el valor de los bienes y servicios surgidos del trabajo de cada uno para así recaudar más, ya sea por aportes y contribuciones o por impuestos generales, las dos fuentes de recursos de las que dependen las jubilaciones. “En Taiwán hubo un alza de la productividad entre generaciones de 5 veces; acá, en los próximos 30 años podría crecer entre 50 y 60%”, advierte Fanelli. Un estudio del Ieral muestra que entre 2011 y 2014, con el empleo estancado en la actividad privada, la productividad se redujo a razón de 0,9% por año.

Y mientras que la tasa de inversión en el país no llega a 20% del PBI, Fanelli señala que países que atravesaron mejor su transición demográfica llegaron a más de 30%. “Esta es una etapa en que se necesita ahorrar mucho y hoy eso no ocurre”, dice. Y advierte sobre la necesidad de que los recursos vayan a inversión. “Porque se puede ahorrar y que eso no vaya a lo productivo; a nuestro país le pasa que tiene medio PBI en el exterior, y por eso, a los desafíos pendientes hay que agregar el de garantizar la seguridad jurídica”, agrega.

PRODUCIR MÁS, TRABAJAR MÁS

Así como las edades de ingreso y egreso del mercado laboral influyen para determinar la necesidad de recursos, poder contar con más trabajadores mejoraría la ecuación. “Entre las medidas posibles para abordar el desafío de la sostenibilidad están el aumento de las tasas de actividad (porcentaje de personas que trabajan o buscan hacerlo, sobre la población total) y de empleo, especialmente entre las mujeres y los jóvenes”, dice Fabián Repetto, director del Programa de Protección Social de Cippec, quien agrega que también podría promoverse un alza de la población en edad de trabajar por flujos inmigratorios.

Actualmente, la participación de los jóvenes de entre 25 y 29 años no sólo es más baja aquí que en un grupo de países desarrollados como Estados Unidos, Alemania o España, sino que, además, la tasa cayó de 79,8 a 77,5% entre 2004 y 2014, según un informe basado en datos del Indec y de la OIT hecho por los economistas del Ieral Marcelo Capello, Gerardo García Oro y Laura Caullo.

En cuanto a la participación de las mujeres en el trabajo, la tasa, de 37,1%, es baja en relación con países como Estados Unidos (44,6%) o Brasil (44,1 por ciento).

¿Y qué pasa con los cambios en el propio sistema jubilatorio?

Una reforma “clásica”, fuente de protestas en varias latitudes, es la suba de la edad jubilatoria. Para Rofman, lo ideal es ser flexibles y lograr el efecto positivo (para las cuentas de un país) derivado de una salida más tardía de la actividad laboral, pero sin imposiciones. “Si se obliga hay efectos negativos; quien por ahí iba a retrasar un poco su retiro, ante la incertidumbre se va en cuanto puede, y el efecto puede ser inverso al buscado”, define. La recomendación es que existan incentivos para que las personas trabajen más tiempo, elevando el nivel de las prestaciones cuanto más años con aportes se logren sumar.

“Deberemos repensar la jubilación como un ingreso universal para los adultos mayores, financiado con recursos fiscales y complementado con sistemas de ahorro privado”, dice el economista Eduardo Levy Yeyati, director de la consultora Elypsis, en línea con lo que muchos trabajadores actuales creen para su futuro.

Promover el ahorro de quienes tienen cierto nivel de ingresos aliviaría el efecto fiscal. Dicho sea de paso, la solución al problema de doble índole (económica y fiscal) que trae el envejecimiento no se resuelve en la antinomia “capitalización o reparto”. “El tema es qué decide hacer la sociedad para pagar; en Chile el Estado se pudo correr de una parte, pero se hizo cargo del resto”, describe Rofman.

Fruto no de una estrategia, sino de la eliminación del sistema de capitalización, la Anses tiene un fondo de garantía cuyas inversiones valen algo más que el pago anual de las prestaciones. Pero la sostenibilidad del sistema no depende de eso, sino del flujo de ingresos y del número de pasivos con los que se está y se estará obligado. El uso de ese fondo está previsto para un déficit temporal, pero su composición hace dudar de la efectividad: “En su mayoría es deuda pública, que podría netearse de modo de reducir el coeficiente de endeudamiento -opina Levy Yeyati-. El resto de los activos podría integrarse al Tesoro, tal vez en el marco de un fondo anticíclico que aísle el gasto social de vaivenes fiscales”.

A sus 45 años, Lucas Nemesio, empresario bodeguero, admite que no piensa en su jubilación. “Creo que es como una caja de Pandora que abriremos en su momento”, dice.

Entretanto, los expertos insisten en que los datos avisan… Y a un país, la sorpresa no se le debería permitir.

EL TEMA EN PRIMERA PERSONA

Eugenio Caldararo

Profesión: contador

Edad: 35 años

“Espero tener ahorros para no necesitar la jubilación. Creo que lo ideal sería un piso que cubra lo básico y que quien trabaja bien ahorre”

Carla Bertolozzi

Profesión: empleada

Edad: 37 años

“La expectativa es estar igual o peor a lo que vive mi madre hoy. Por suerte tiene hijas que la ayudan. Espero que cambiemos para soñar algo mejor”

Fernando Silva

Profesión: Licenciado en Administración

Edad: 43 años

“Con la ley actual, la jubilacion es un impuesto mas. No se consideran los mejores años de salario sino los ultimos diez. Hay que modificar la ley”

Dolores Roccasalvo

Profesión: fotógrafa

Edad: 36 años

“Que en menos de 25 años se estructure un sistema de reparto justo y acorde con la situación, requiere un gran compromiso”

Agustín Meilan

Profesión: abogado

Edad: 38 años

“Nada hace pensar que las cosas serán distintas; con esfuerzo personal habrá que suplir la ineficiencia estatal”

Lucas Nemesio

Profesión: bodeguero

Edad: 45 años

“Ni siquiera pienso en ello. Personalmente creo que mi jubilación será fruto de la renta e inversión privada durante mis años activos”.

Cuando la Argentina dijo no al imperialismo demográfico

2014-08-28

http://www.politicaplus.com/?q=read&id=5031

PoliticalPlus

Por Pablo Yurman
Cuando la argentina dijo no al imperialismo demográfico

Se cumplen 40 años de la celebración de la Conferencia Mundial de Población, auspiciada por la ONU y realizada, del 19 al 30 de agosto de 1974, en Bucarest, Rumania, con la asistencia de delegados de 149 países. En plena Guerra Fría, con el telón de fondo del enfrentamiento ideológico protagonizado, por un lado, por EEUU y sus aliados al frente del bloque liberal-capitalista, y, por el otro, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas a la cabeza de estados bajo sistemas marxistas-colectivistas, los “enemigos” se unieron para dejar en evidencia, inesperadamente, un nuevo (¿acaso el de siempre?) antagonismo: el Norte (rico y desarrollado) contra el Sur (pobre y subdesarrollado). La grey seguidora de Karl Marx y de Adam Smith dejaba a un lado sus diferencias para hacer frente común a un desafío emergente.

Como nos aclara la investigadora Susana Novick, la conferencia “convocada por el Consejo Económico y Social de Naciones Unidas, consideró las políticas y programas de acción necesarios, en materia de población, para promover el bienestar y el desarrollo de la humanidad; como así también los problemas demográficos fundamentales y su relación con el desarrollo económico y social. La importancia de ella residió en que fue la primera reunión sobre población que excedía los estrechos límites de la ciencia demográfica y se proponía acciones y políticas concretas a nivel mundial.”

El punto es que, con independencia de las buenas intenciones que surgirían de lo señalado, la Secretaría General de la Conferencia elaboró un Proyecto de Plan de Acción Mundial sobre Población, en base a documentos elaborados en las reuniones preparatorias que precedieron la Conferencia, instrumento que empezó a circular entre las delegaciones de los distintos países. El contenido del proyecto dejó en evidencia la ideología que inspiraba a los delegados de los países del Norte industrializado, sin importar que fueran capitalistas o marxistas, ya que en esto hubo sugestivas coincidentes (con excepciones como la de Cuba que votaría las propuestas de nuestro país) y sería severamente cuestionado por un grupo de países que, liderados por la posición argentina en la Conferencia, formularon numerosas enmiendas al proyecto lo que resultó, en los hechos, en la elaboración de un nuevo documento sobre otros ejes ideológicos completamente distintos a los de la Casa Blanca y el Kremlin.

Los países dominantes del Hemisferio Norte partieron de una premisa ideológica falsa originada en el maltusianismo, movimiento inspirado en las ideas del pastor anglicano Robert Malthus durante el siglo XIX según el cual “en el mundo no hay lugar suficiente para todos” y por tal motivo, como nos recuerda Novick, “la tendencia de todos los documentos fue mostrar como alarmante el crecimiento de la población y pregonar el control de la natalidad como solución ante los problemas de escasez de alimentos y bajo nivel de desarrollo de ciertos países. Sin embargo, los países del mundo considerados más pobres unieron sus esfuerzos en pos de conseguir que no se tratara de implementar una única solución ante un problema que, más que demográfico, era económico y social.”

POBRES, POBREZA, PREJUICIOS

Vale decir que de acuerdo a los documentos preparatorios que circularon entre las delegaciones, según la mirada del Norte ya industrializado, la ayuda al Sur subdesarrollado no pasaba, por dar sólo algunos ejemplos, por créditos blandos para infraestructura básica, desarrollos agrícolas, radicación de industrias, ayudas concretas en salud y educación, etc. No, la ayuda a los pobres pasaba, sola y exclusivamente, por repartir anticonceptivos y evitar el crecimiento poblacional. Es por esta razón que a partir de ese momento se comenzó a hablar de “imperialismo contraceptivo” o demográfico a esta curiosa, y por cierto racista, forma de entender la “ayuda” a los pobres. En otros términos, ante el dilema de una mesa con porciones de alimento limitadas, algunos de antemano tenían como único plan posible, la eliminación de comensales. Otros, en cambio, apostaban a tratar de ampliar la mesa sin eliminar comensales.

Fue entonces que los miembros de la comisión argentina, presidida por el Ministro del Interior, Benito Llambí, empezaron febriles negociaciones que incluyeron contactos con todos los países latinoamericanos y buena parte de los que entonces se agrupaban bajo los países No Alineados. La Argentina propuso, para sorpresa de los delegados norteamericanos más de sesenta enmiendas al borrador, que prácticamente lo convertían en otro documento distinto del pergeñado en la oficina oval de la Casa Blanca.

Los ejes de la contrapropuesta pasaban por los siguientes puntos: que la definición de políticas demográficas son parte de la soberanía propia de cada nación; que la superpoblación, como problema, es ajeno no sólo a nuestro país sino a todo el continente americano siendo, en cambio, un problema la mala distribución de la escasa población; que los procesos migratorios, convenientemente regulados, son fuente de riqueza y crecimiento para las sociedades y no al revés; finalmente, y quizás el punto más conflictivo en donde quedaba demostrado el choque de miradas antropológicas y filosóficas antagónicas, que las medidas que propone el Plan para superar las dificultades del alto crecimiento de población para los países en vías de desarrollo son todas de carácter limitativo de su población (anticonceptivos y de legalización del aborto), pero en cambio no se mencionan otras medidas de tipo económico, comercial y financiero que estas naciones han reclamado reiteradamente.

Como bien apunta la citada investigadora “Estados Unidos, el gran perdedor de esta Conferencia, se decidió por el control de los nacimientos y la planificación familiar; posiblemente confiaba en que el Plan no se modificaría, pero sucedió lo contrario. A pesar de la preparación y de los medios disponibles de su delegación, su falta de habilidad política fue clara y quedó muchas veces en posición desairada.”3

Quizás pronto llegaría la venganza para el jefe de la política exterior norteamericana, Henry Kissinger, quien dejaría sentado por escrito, en un documento del Departamento de Estado que sería desclasificado años más tarde, que los objetivos estratégicos puestos sobre la mesa en Bucarest no sufrirían modificación alguna en cuanto a que había que detener el crecimiento de la población de los países pobres y preservar, así, las reservas naturales para un club privilegiado de países. Sólo sería cuestión de cambiar la estrategia, sobre todo la comunicacional.

The Demographic Survey of the Occupied Palestinian Territories

The survey showed that fertility remains high in both the West Bank and the Gaza Strip, with a total fertility rate if 5.8 in the West Bank, and 7.8 in the Gaza Strip

http://www.fafo.no/ais/middeast/opt/demographic/ 
Source: FAFO is a Norwegian  independent and multidisciplinary research foundation focusing on social welfare and trade policy, labor and living conditions, public health, migration and integration, and transnational security and development issuesGaza mapa 

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The Palestinian population of the West Bank and Gaza Strip has long had some of the highest growth rates in the world, due to a combination of high fertility and low mortality. Although fertility has recently declined, the age structure of the population implies that the brisk population growth will continue over the coming years. This report presents likely scenarios for this population growth, and traces some of its implications for the delivery of services to society.http://www.fafo.no/pub/rapp/433/433.pdf

Demographics of the Palestinian territories  http://en.wikipedia.org/wiki/Demographics_of_the_Palestinian_territories

 

Population Control Movement Contains the Seeds of its Own Destruction (and Ours)

One of the favorite claims of the population control movement is that the world is running out of resources: food, energy, and space. “There is plenty of evidence to suggest that humanity is already exceeding the planet’s limits and that we are reducing the earth’s capacity to support life, including human life,” purported Robert Walker, the president of the Population Institute, in a recent debate with our own Steven Mosher.

These—and similar dire predictions—have been bandied about for over two hundred years. The overpopulation drum-beaters repeatedly claim the imminent end of humanity, perpetually predicting earth-ending disaster just around the corner. These predictions, unsurprisingly, have not come to pass.

One, of course, might be tempted to dismiss the claims of population alarmists as the warnings of well-funded but harmless cranks. One might be tempted to wave them away with a rather cynical sort of amusement if government officials did not take their claims as dark gospel—and if their vision of population control was not exported to poorer countries, often by force.

It is therefore important to understand why their relentless claims of impending disaster never come to fruition. Population controllers falsely assume an arbitrarily static model of technological growth, coupled with an endlessly growing population—a “population bomb” without any advances to sustain ever-growing hordes.

In a certain sense, they are correct—if society did not advance technologically, and the population grew indefinitely, then the human race would not be able to provide enough necessities for its continued survival.

But that has never happened. The pace of technological advance has grown faster over time, making larger populations possible. In fact, the pace of advance has grown faster than the pace of population growth. Today, the world population is the largest it has ever been, yet the proportion of humans living in absolute poverty is the lowest it has ever been. This remarkable reality derives from the fact that human beings produce, as well as consume.

Because humans alone have the beautiful capacity to innovate, population control policies harm the very people they claim to help. Technological advance alwayscomes from humans; it can never spring up from any other form of economic capital other than human capital. Alas, many in the corridors of power have bought into the claims that undesirable people (by which they often mean poor people in developing countries) must be reduced, or else the world will end in a sea of asphalt.

In short, the population control movement will create the very future it fears if its policies are adopted: a society stuck in economic stagnation, relying on the ever-diminishing resource of human ingenuity. By thinning the human population, you destroy the future. Humans are the world’s greatest resource.

Una población en declive

El problema más amenazante para el futuro de la Unión Europea es del que menos se habla. La escasa natalidad es un obstáculo para el crecimiento económico, reduce el número de trabajadores, dispara el gasto en pensiones y socava la influencia europea en el escenario mundial. A no ser que los puestos vacíos sean ocupados por esos inmigrantes a los que hoy se intenta parar los pies.

vía Aceprensa | Una poblaciónn en declive.

La población europea apenas crece
La población de la Unión Europea (UE-27) es de 504 millones, poco más del 7% de la población mundial. Su crecimiento es cada vez menor: en 2011 aumentó en 1,3 millones, de los cuales en torno a un tercio se debió al crecimiento vegetativo (nacimientos menos muertes) y dos tercios a la inmigración. Tras un máximo de 520,7 millones hacia 2035, la población de la UE empezará a bajar.

Ya hay países donde hay más ataúdes que cunas. Es el caso de Alemania, Bélgica, Estonia, Grecia, Italia, Letonia, Lituania, Hungría, Portugal, Rumania y Croacia (país candidato).

La potencia económica de Alemania está amenazada por un serio problema demográfico: ya en 2011 habría perdido 190.000 habitantes por exceso de fallecidos sobre nacidos, de no ser por la creciente inmigración que atrae.

Si miramos a la Europa del Este, fuera de la UE, la situación es aún peor.

La fecundidad no asegura la renovación de las generaciones
En 1960 nacían cada año 7,5 millones de niños en los 27 países que hoy forman la UE. En 2011 fueron 5,2 millones. Hubo un ligero aumento de la natalidad entre 2002 y 2008, pero con la crisis ha vuelto a caer (cfr. Aceprensa, 26-09-2012).

La tasa de fecundidad –número de hijos por mujer en edad de concebir– está muy por debajo de la necesaria (2,1) para asegurar la sustitución de las generaciones. Ha bajado de 2,42 en 1970 a 1,59 en 2010. Esto supone que queda un poco por debajo de la de China (1,6), como si Europa se hubiera impuesto a sí misma una política del “hijo único”.

La población de la Unión Europea empezará a bajar después de 2035, tras alcanzar un máximo de 520,7 millones

En comparación, EE.UU. tiene una tasa de fecundidad de 1,93, lo que le permitirá seguir siendo un país más joven frente a la envejecida Europa.

Entre los países europeos hay notables diferencias en cuanto a la fecundidad. Están en mejor situación los nórdicos (Islandia, Finlandia, Noruega y Suecia), con tasas en torno a 1,9. Pero entre todos suman una población de solo 20 millones, con lo que su aportación a la natalidad europea es escasa.

También están bien los atlánticos: Reino Unido (1,98) e Irlanda (2,07), que es el único país de la UE que asegura la renovación generacional.

Entre los demás solo tiene una buena perspectiva demográfica Francia (1,99), gracias a una generosa política de subsidios familiares. En ese tándem de Alemania y Francia que tradicionalmente ha tirado de Europa, Alemania podrá aportar su dinamismo económico del momento y Francia su empuje demográfico. El Reino Unido también podría ser la otra pata del trípode, si el euroescepticismo no fuera tan fuerte.

La Europa del sur tiene un problema demográfico que solo puede complicar el despegue económico. Portugal, España, Italia y Grecia tienen tasas de fecundidad muy bajas (entre 1,3 y 1,5). Con el alto paro juvenil actual puede parecer que sobran jóvenes, pero la realidad es que cuando estos países levanten cabeza se encontrarán con falta de trabajadores jóvenes.

Una población cada vez más envejecida
El número de personas mayores de 65 años va a crecer en todo el mundo. Es verdad que a esa edad se llega ahora en muchos casos todavía con buena vitalidad. Pero en cualquier caso las consecuencias económicas y sociales de este envejecimiento natural dependerán de la estructura de edades de la población.

En Europa, la tasa de natalidad sistemáticamente baja y el aumento de la esperanza de vida van a cambiar la pirámide de edades, con un notable envejecimiento.

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Población por tramos de edad en UE-27 (%)

2011 2050
0-14 años 15,6 14,1
15-65 66,9 57,1
65 y más 17,5 28,8

Fuente: Eurostat, EUROPOP2008 convergence scenario

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Actualmente, la edad media de la población en la mayoría de los países europeos se sitúa en torno a 40 años. Según proyecciones de la División de Población de la ONU, en 2050 habrá subido a 45,7. Pero en la Europa del Sur (incluida España) la media será 50. Si se prolongan las tendencias actuales, la palma se la llevará Alemania con 51,2 años.

En comparación con otros continentes, Europa tendrá una población más envejecida. Según las proyecciones de la ONU para 2050, EE.UU., Latinoamérica, Oceanía y Asia tendrán una media de edad de 40 años. Pero Asia oriental va a convertirse en el nuevo “viejo continente”: Japón será el campeón del envejecimiento (53,4), y China (46,3) y Corea del Sur (53) experimentarán la misma drástica experiencia.

En cambio, África tendrá un gran recurso en su juventud, con una población de edad media en torno a los 25 años.

La mayor amenaza al Estado del Bienestar
A largo plazo, la sostenibilidad del sistema de pensiones y del gasto social dedicado a los mayores depende de la relación entre la población económicamente activa (de 20 a 64 años) y la que es más probable que esté económicamente inactiva (mayores de 65).

En 2010, como media, había 3,5 activos por cada jubilado en la UE. Para 2040, solo habrá 2 activos por cada jubilado.

Los que tienen peores perspectivas para 2050 son Alemania (1,5 activos por jubilado) e Italia (1,5), y fuera de Europa, Japón (con solo 1,3 activos por jubilado). España pasaría de 3,6 en 2012 a 1,9 en 2050.

Hay que tener en cuenta que no solo habrá más personas mayores sino que también vivirán más tiempo. La esperanza de vida a los 65 años en la UE es de otros 21 años y en España, casi 23.

Es evidente que esta evolución no augura un feliz porvenir para el sistema de pensiones. Para paliar sus consecuencias, los gobiernos europeos han empezado a retrasar la edad de jubilación y a recalcular su importe y su revalorización.

El gasto sanitario se disparará también con el envejecimiento de la población, ya que las personas mayores (y no habrá pocas de más de 80 años) requieren más atención médica.

Todo indica que los trabajadores del futuro tendrán que trabajar más años, tener menos vacaciones, pagar más impuestos y cobrar pensiones más reducidas, a no ser que tengan planes privados de pensiones.

En suma, se comprobará que la mayor amenaza al estado del Bienestar es la escasa natalidad. De poco sirven los “derechos adquiridos” si no hay suficientes trabajadores que puedan financiarlos y sustentar a las generaciones mayores. Así que esta evolución va a poner a prueba la solidaridad intergeneracional.

La inmigración como panacea
Cada vez se reconoce más que va a ser difícil remontar los efectos que la baja de natalidad anterior ha ocasionado en la estructura de edades de la población. Como consecuencia, ha descendido el porcentaje de mujeres en edad fértil; y cuanto más descienda, más tendría que subir el índice de fecundidad para obtener el mismo número de nacimientos.

Así que se confía en que lo que no da la natalidad lo dará la inmigración. En los próximos 40 años, la población en edad laboral en Europa se reducirá en 37 millones, según las proyecciones de la ONU. Y el probable aumento de la productividad no bastará para compensar tantos puestos vacíos.

Desde el punto de vista económico, la necesidad de la inmigración en Europa es incuestionable. Pero desde el punto de vista social, hay no poca resistencia por la difícil asimilación cultural de la inmigración, sobre todo musulmana. Europa ha demostrado ser un crisol mucho menos eficaz que EE.UU.

Por otra parte, hoy día los países europeos no buscan cualquier tipo de inmigrantes, sino trabajadores cualificados. En algunas áreas (médicos, ingenieros, analistas informáticos…) hay ya competencia entre Europa, EE.UU., Canadá y Australia, para atraer a este tipo de trabajadores. También cabría plantearse hasta qué punto es ético este drenaje de talento procedente muchas veces de países en desarrollo. Además, el efecto rejuvenecedor es menor con los inmigrantes que llegan en edades intermedias, que con los nacimientos.

En cualquier caso, ni tan siquiera está claro que vaya a haber suficientes inmigrantes para compensar el decrecimiento natural de la población europea. Y una Europa envejecida, de escaso dinamismo económico, será menos atractiva para los inmigrantes. Basta ver lo ocurrido en España, que en los años de crisis ha pasado a tener un saldo migratorio negativo.

EL DIVIDENDO DEMOGRÁFICO SOSTENIBLE

¿Qué tienen que ver el matrimonio y la fecundidad con la economía?

El dividendo demográfico sostenible afirma que, a largo plazo, la prosperidad de la economía moderna aumenta y disminuye con la familia. Este informe analiza los roles clave que el matrimonio y la fecundidad juegan en el mantenimiento del crecimiento económico a largo plazo, la viabilidad del estado de bienestar, la cantidad y la calidad de la mano de obra, y la productividad de los grandes sectores de la economía moderna.

El mensaje de fondo de El dividendo demográfico sostenible es que las empresas, los Gobiernos, la sociedad
civil y los ciudadanos se verían beneficiados si se fortaleciera la institución familiar —en parte porque la riqueza
de las naciones y el comportamiento de los grandes sectores de la economía moderna dependen, en gran medida, del futuro de la familia.

¿Por qué son importantes el matrimonio y la fecundidad?

1. los niños criados en familias basadas en el matrimonio tienen más posibilidades de adquirir el capital
humano y social necesario para convertirse en trabajadores productivos y estables.
2. los hombres que se casan y permanecen casados trabajan más y mejor, y ganan más dinero que los solteros.
3. los países que deseen disfrutar de un sólido crecimiento económico a largo plazo y de la viabilidad del
estado de bienestar deben mantener tasas de fecundidad sostenibles, al menos de dos niños por mujer.
4. los sectores clave de la economía moderna —desde los productos del hogar a los seguros o la
alimentación— suelen obtener más beneficios cuando las parejas se casan y tienen hijos.

¿Qué se puede hacer?

1. las empresas deberían usar su influencia social para respaldar las campañas a favor de las familias y la educación pública.
2. los países tendrían que facilitar el acceso a la sanidad y a la educación para fortalecer los fundamentos económicos de la vida familiar.
3. las políticas deberían apoyar el matrimonio y la paternidad responsable mediante, por ejemplo, créditos a los matrimonios con hijos en el hogar.
4. la política pública y corporativa debería honrar los ideales de las familias trabajadoras, facilitándoles
la flexibilidad para conseguir conciliar la vida familiar y laboral según sus necesidades.

El informe está en http://sustaindemographicdividend.org/wp-content/uploads/2012/07/AF-Estudio-Social-Trends-Institute-BAJA.pdf y en https://www.box.com/s/50qpcc6jf9itjearxyv1

Tasa de Fertilidad América Latina. Algo para prever.

Fertiliy Rate LA


En general son países en vías de desarrollo que aún no han superado la pobreza.
Tienden a disminuir población porque no alcanzan la tasa de remplazo (2.1); al mismo tiempo, afortunadamente, han disminuido la mortalidad infantil. Por otro lado, la expectativa de vida es casi como en los países de mayor desarrollo.
Parece que es más costoso mantener un viejo que a un pobre. Hasta ahora no hay países que fomenten la natalidad, antes al contrario, todos están desarrollando planes de control y fomentando planes promiscuos que alientan el embarazo precoz entre los más pobres. Es alarmante el caso Brasil por su ponderación, después le sigue México y, casi en la misma situación están Colombia y Argentina.
Algo para estar alerta.