Hillary Clinton delata la agenda oculta del nuevo orden mundial

Un incómodo manto de silencio se ha extendido sobre las sorprendentes palabras de Hillary Clinton. Quizá la dama ha hablado más de lo conveniente

 

http://www.religionenlibertad.com/hillary-clinton-delata-la-agenda-oculta-del-nuevo-orden-mundial-43963.htm

José Javier Esparza

Los culturales profundamente arraigados, las creencias religiosas y las fobias estructurales han de modificarse. Los gobiernos deben emplear sus recursos coercitivos para redefinir los dogmas religiosos tradicionales”. Estas palabras de Hillary Clinton, pronunciadas públicamente y sin tapujos en un simposio pro abortista, han dejado a más de uno con la boca abierta. ¿Reformar coercitivamente las religiones? ¿Dónde queda entonces la libertad religiosa? ¿Modificar las identidades culturales? ¿Dónde queda entonces la libertad, simplemente, de existir? Semejantes intenciones, en boca nada menos que de la principal candidata demócrata a la presidencia de los Estados Unidos, deberían haber abierto un fuerte debate. No ha sido así. Muy significativamente, los principales medios de comunicación en todo occidente han preferido silenciar el asunto. Revelador.

Además: ¿Quién es Hillary Clinton?
¿Qué significa eso que ha dicho Hillary Clinton? Uno, que los “códigos culturales profundamente arraigados”, esto es, las identidades culturales tradicionales, son en realidad nidos de “fobias estructurales”, es decir, prejuicios que es justo y razonable eliminar. Dos, que dentro de esas “fobias estructurales” están “los dogmas religiosos tradicionales”. Tres, que los gobiernos, el poder público, están legitimados para utilizar su fuerza coercitiva contra los dogmas religiosos y las identidades culturales. Cuando se repara en que esa fuerza coercitiva es, en plata, el “monopolio legal de la violencia”, uno frunce inevitablemente el ceño en un gesto de preocupación. Cuando además se constata que las “fobias” y los “dogmas” son los principios tradicionales de la civilización occidental, es decir, la filosofía natural (por ejemplo, el derecho a la vida), entonces la preocupación asciende hasta la alarma. Lo que Hillary Clinton ha expresado es un proyecto político totalitario de ingeniería social y cultural. Ni más, ni menos.Ese proyecto ya está en marcha¿Sorprendente? En realidad, no tanto.

Además: Hillary Clinton agita las bases de la libertad de conciencia en los EEUU
Esos tópicos no son nuevos: circulan en la ideología moderna desde la revolución francesa. Por otro lado, guardan perfecta consonancia con lo que hemos venido viendo en occidente en los últimos veinticinco años, desde la caída del Muro de Berlín en 1989: los programas de ingeniería social de la ONU –con frecuencia avalados por los Estados Unidos-, las políticas abortistas y homosexualistas adoptadas por casi todos los países europeos y el desmantelamiento de las identidades étnicas en el espacio occidental. Hillary Clinton se ha limitado a hacer patente lo que ya estaba latente.

Estas palabras de Hillary Clinton han sido interpretadas en clave estrictamente norteamericana: son un proyecto de ingeniería social –más bien diríamos espiritual- en un país que se precia de haber nacido sobre la base de la libertad religiosa. Es cierto que, en el contexto norteamericano, semejantes ideas no dejan de ser una rectificación de la propia identidad fundacional del país, de manera que es comprensible el estupor de muchos. Sin embargo, los propósitos de Clinton forman parte de los temas habituales de la izquierda yanqui desde 1968. Por así decirlo, lo que hemos visto ahora es su “puesta de largo”, su transformación en programa político sin camuflajes.

Además: Clinton declara la guerra a la religión
Del mismo modo, muchos observadores han visto en estas declaraciones de Hillary Clinton una especie de declaración de guerra contra el cristianismo. Es también una perspectiva correcta, pero incompleta: la guerra no atañe sólo a las religiones tradicionales, sino que se extiende, como dice la propia señora Clinton, a los “códigos culturales arraigados”. Es decir que toda identidad cultural histórica, sean cuales fueren su espacio y naturaleza, deben también ser reformadas coercitivamente por el poder público. No es sólo la religión la que corre peligro; la amenaza se extiende a cualquier rasgo identitario que no encaje con el programa del “tiempo nuevo” marcado por la globalización y su potencia hegemónica, que son los Estados Unidos de América.

¿Y los europeos qué hacemos? En general, seguir la estela. Bien es cierto que el camino presenta complicaciones inesperadas y éstas han tardado poco en surgir. Es francamente difícil mantener la cohesión social en un contexto de desmantelamiento de los “códigos culturales profundamente arraigados”. A este respecto la experiencia francesa es sumamente interesante: desde los años 80, Francia ha vivido un proceso de construcción de una nueva identidad sobre la base de la llamada “identidad republicana” que, en la práctica, ha consistido en la destrucción de los referentes clásicos de la nación y su sustitución por dogmas nuevos. “Francia –decía De Gaulle- es una nación europea de raza blanca y religión cristiana”. Empezó a dejar de serlo muy poco después de la muerte del general.

El europeísmo se convirtió en una suerte de cosmopolitismo que veía a Francia como protagonista de un mundo sin fronteras, un mundo en el que la propia Europa no es otra cosa que una región privilegiada en el contexto global. Asimismo, cualquier factor de carácter étnico –racial, cultural, etc.- empezó a ser tabú en provecho de una sociedad de nuevo cuño edificada sobre la afluencia masiva de población extranjera. En cuanto a la religión, iba a ser sistemáticamente postergada en la estela de un laicismo radical que no ha amainado ni siquiera cuando Sarkozy, en San Juan de Letrán, descubrió ante Benedicto XVI los valores del “laicismo positivo”. El resultado ha sido una nación desarticulada en lo político, lo económico y lo social. El discurso oficial sigue caminando hacia el mismo sitio, pero la realidad social ya marcha por otra. El crecimiento del Frente Nacional no es un azar. Los políticos tratan de reaccionar adaptándose al terreno. Lo último fue ver al primer ministro Valls, que el año anterior había abierto institucionalmente el ramadán, reivindicar ahora el carácter inequívocamente cristiano de Francia. Quizá demasiado tarde.

Sea como fuere, lo que ha expuesto la candidata demócrata a la presidencia de los Estados Unidos es mucho más que una declaración de intenciones: es cabalmente el programa del nuevo orden mundial, que para imponerse sin grandes resistencias necesita, precisamente, derruir los arraigos culturales y las religiones tradicionales. Era inevitable que alguien terminara invocando la fuerza del Estado para ejecutar coercitivamente la operación. Hillary Clinton lo ha hecho. La izquierda europea, muy probablemente, se subirá al carro. Así veremos a nuestra izquierda respaldar la política mundialista en nombre del progreso. Las vueltas que da la vida…

© La Gaceta

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The Fight to Stop Population Control in Philippines Continues

Supreme Court to Reconsider Controversial “Reproductive Health” Bill

By Elizabeth Crnkovich

Population Research Institute 

Proponents of population control in the Philippines, including the Obama administration, were in a celebratory mood on December 17, 2012 when the so-called “Reproductive Health” (RH) Bill was signed into law. But they may have started partying too soon. The Supreme Court of the Philippines has now suspended the law for 120 days while it considers whether or not it violates the Philippine Constitution.

The Catholic Church, joined by millions of believers across the archipelago, fought long and hard to prevent the law from passing the Philippine Congress in the first place, and has now filed a lawsuit to prevent it from taking effect.

 The Philippine Constitution very clearly states that: “The State recognizes the sanctity of family life and shall protect and strengthen the family as a basic autonomous social institution. It shall equally protect the life of the mother and the life of the unborn from conception.” (Article II, Section 12)

 Likewise, in the Revised Penal Code (Section 2, Article 256), abortion is listed as a crime and anyone who performs an abortion, whether intentionally or unintentionally, will receive prison punishment to different degrees.

The lawsuit argues that the law, formally entitled “The Responsible Parenthood and Reproductive Health Act of 2012,” violates the Philippine Constitution by mandating the provision of contraceptives to the population, most forms of which are abortifacient. Such drugs also violate the moral teachings of the Catholic Church to which the vast majority of Filipinos belong.  

The newly issued status quo ante (SQA) of the bill, a motion which has placed the bill on hold, will halt any forward motion of the law until oral arguments are held in mid-June against the RH Bill. If not proven unconstitutional, however, the bill will be enforced as law.

 Pro-lifers have also opened a second front. The general election is approaching in May. Pro-life advocates must now go to the people with their arguments, and defeat those “Catholics” whose votes helped to pass this legislation.

What the Filipinos have now on the ground is a war on two fronts: Legal and Political. They should focus more of their energy on the elections while, in the meantime, praying for the pro-life lawyers to win the battle in the Supreme Court.

There are currently two main political “teams” that are running candidates for a number of different offices in the Philippines. These teams divide the candidates according to their stance on the RH Bill. Team Patay is pro-RH Bill, while Team Buhay is against the RH Bill.

 If Team Patay wins the elections, the Supreme Court Justices might very well take into account the public pulse and favor the RH Bill.

So, to prevent this bill from becoming law, the pro-life forces must use all moral and licit means at their disposal to make sure that Team Buhay wins.  Of course, you can’t win a game by offense alone, you need strong defense, to prevent the enemy from outscoring you. Moreover, you have to make sure that the officiating is fair, and there is no cheating.

The Philippines, to its credit, still has a relatively high birth rate. This is why it has been targeted by USAID since the 1970s for population control programs.  This is also why those in power today in the Philippines will do everything they can to ensure that this law is not overturned, regardless of how strongly it is opposed and what the Constitution says. 

You can see what the Philippines is facing over time by glancing back at earlier version of this bill. In the 2011 version, the population control motives of its sponsors can be seen more clearly, since the promotion of contraception was clearly intended to lower the Filipino birthrate. This 2011 bill did not pass. If and when the new law is enforced, however, it will probably be only a matter of time before more coercive population control measures follow.

Now, during this brief window of time while the law is suspended, is the best opportunity to turn away from this path. Catholics in the Philippines need to assert their identity and elect the right candidates. And the pro-life attorneys who are arguing the case before the nation’s supreme court need to be at their best. If they are, the Reproductive Health Bill may soon contract a fatal case of unconstitutionality and die a quick and much-deserved death.